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Taller Literario de Salinas

Carta a un desconocid@

Querid@ desconid@:

                                    Desconicid@ para mi, pues no te conzco, no se quien eres y si te soy sincero tampoco sé porqué te escribo, simplemente tenía que hacerlo.

Para que uno de los dos sea el conocido, me voy a presentar, me llamo Alejandro, nacido el 17 de Junio de 1978, soy géminis y tengo a día de hoy 31 años.

Soy de Oviedo en donde vivo, tengo un hermano mayor, Marcos, que se hacasado el 29 de Agosto del año pasado con una chica de Granada, Pilar, mi cuñada y estan esperando su primer hijo, que se llamrá Diego, por lo que seré tío.

Mis padres son geniales, mi papá se llama Francisco y mi madre Paula, somos una familia muy natural y sencilla, algo gamberra, sobre todo en la intimidad, sabiendo matener la compostura en todo momento, con nuestros mas y menos, con nuestras risas y broncas que hay veces que son muy fuertes o por lo menos en apariencia, luego sabemos perdonar y pedir perdón, lloramos, nos abrazamos y besamos.

Trabajo en un centro de jardnería, es un empresa familiar, somos cuatro, mi padre, mi hermano, un chico y yo, hay veces que mi madre viene a dar su toque, a ayudar alguna vez que otra.

Bueno, con esto espero que ahora seas tú quien me escribas y dejes de ser desconocid@.

Recibe un fuerte abrazo.

                                                 Alex.

Por: Alex(Altezax)

El Tremedal

Perseguida entre corriendo en el tremedal, un calor húmedo me cubrió todo el cuerpo, se sentía una fetidez horrible, corrí entre los árboles hasta que la oscuridad me impidió ver, tropecé con algo y caí, me acurruque entre un árbol y un montículo de tierra húmeda. La poca luz entraba entre las copas de los arboles movidos por el viento, árboles llenos de líquenes, enredaderas y bejucos enormes que parecían grandes brazos que me buscaban en la oscuridad, el silencio ruidoso del bosque me sobrecogió, me quede quieta tratando de escuchar, un coro de araguatos a lo lejos cantó con sus gritos guturales, las arenas movedizas borboteaban a derecha e izquierda del camino que había desaparecido en la oscuridad, los únicos destellos eran el titilar de cocuyos, el ulular de un búho y el rugido de un felino me erizaron todos los vellos del cuerpo, una araña mona enorme me caminaba en la pierna, miles de insectos y cosas pequeñas se arrastraban por el suelo rozando mis pies desnudos. Empezó a llover y grandes nubes de mosquitos me rodearon. De repente mi apoyo, el montículo húmedo se movió, se hizo un silencio terrible y una anaconda gigante se deslizó contra mi espalda metiéndose en la marisma cercana.

Segunda versión:

No podíamos hacer mas nada, teníamos que entrar en el tremedal eso detendría a nuestros perseguidores, ciénaga y bosque, marisma de aguas fétidas, arenas movedizas, animales salvajes, serpientes y arañas monas nos esperaban.

Prácticamente era de noche, un camino angosto serpenteaba entre los grandes árboles llenos de líquenes, enredaderas y bejucos enormes que parecían grandes brazos que nos buscaban en la oscuridad, un grupo de araguatos nos recibió con sus gritos guturales, las arenas movedizas borboteaban a derecha e izquierda del camino que había desaparecido en la oscuridad, los únicos destellos eran el titilar de cocuyos, un ulular de un búho y el rugido de un felino nos erizaron todos los vellos del cuerpo, miles de insectos y cosas pequeñas se arrastraban por el suelo rozando nuestros pies desnudos. Grandes nubes de mosquitos nos torturaban constantemente, de repente el roce de un pesado cuerpo contra la hojarasca húmeda… Se hizo un silencio terrible y  una anaconda gigante paso casi a nuestros pies y se perdió en la marisma.

 

Tremedal: Ciénaga o marisma de arenas movedizas

Bejucos: Lianas

Arañas monas: Tarántulas venenosas de gran tamaño.

Araguatos: Monos aulladores de color castaño rojizo

Cocuyos: Luciérnagas

Bulldox  Enero 2010

 

 

El muerto...

El muerto...

 

El muerto que soñaba.

 

 

Soñaba que se encontraba dentro de un ataúd bajo la tierra fría y húmeda, sin lápida ni cemento alrededor;  -Qué curioso; no siento el frío, ni miedo, no experimento ninguna sensación de pánico que me haga huir de esta cárcel.

Una gran carcajada involuntaria salía de su garganta al comprobar el estado dramático de la situación en que se hallaba, pero a la vez, una paz extraña recorría su cuerpo transportándolo a la mismísima gloria. Una voz familiar le hizo aguzar el oído.

-¿Estás ahí abajo? Eres escoria y maldad ¡ojala te pudras en el infierno! Nunca más tendré que soportar tu tiranía, tus insultos y humillaciones. Ahí te quedarás eternamente. Escupió encima y, se fue.

Cada una de sus palabras hería su corazón al comprender lo fútil que había sido su vida y qué,  la realidad se imponía ¡estaba muerto! No importa; descorreré el velo de los misterios que tanto dolor me producía cuando mi cuerpo aún vibraba de vida. Luego levantaré la cortina y pasaré al otro lado.

 

Alquilaré una tumba,

para expiar mis pecados.

Sentiré la brisa pasar

sin rozar mi piel.

Me envolveré en la tierra

para luego, desaparecer.

 

 

 

Carmela.

 

De Desconocida@hotmail.com para Pérezalberto@hotmail.com.

 

El hombre abrió por tercera vez su correo. Ahí seguía. No, no había soñado. Al lado del pequeño sobre amarillo la frase “De una desconocida”. Su dedo hizo clic en el ratón y volvió a abrirlo. No había duda. Aquella carta iba dirigida a él. De: Desconocida@hotmail.com. Enviado: sábado 12 de diciembre de 2009, 11.00 h y para: Pérezalberto@hotmail.com.

Con un nombre y un apellido tan comunes fue muy fácil dirigirse a él. Siempre se lo decía su hijo, que con una dirección tan sencilla le iban a llenar el correo de basura. Esta vez no era basura, era algo más serio. Y acongojado, volvió a leerla por tercera vez:

“Carta de una desconocida:

Te escribo con total sinceridad, sin ningún tipo de inhibición. Para mí siempre serás un desconocido y eso me libera. Puedo contarte oscuras historias de mi vida que nunca se las contaría a nadie porque, ironías de la vida, nunca sabrás quién soy. Tengo cuarenta años y una enfermedad que dicen me acompaña desde la adolescencia. Me gustan los hombres, que también ven algo en mí que les atrae y me gusta el sexo. He tenido varios amantes. Con el sexo prefiero experimentar, lo tradicional me aburre. Ahora, mientras escribo estas líneas ¡Todo es tan vívido! ¡Sí!, ¡Ahí están! Las sensaciones, los olores, las imágenes. Sentir la calidez de la arena de la playa que erizaba mi piel desnuda mientras unas manos ávidas recorrían mi cuerpo… percibir el olor acre de nuestros cuerpos en el angosto reservado de aquel tugurio infecto… recordar con placer las posturas inverosímiles de nuestros cuerpos para adaptarse al asiento trasero del coche… A veces, estoy yo sola con varios hombres y me convierto en su juguete y me gusta. Veo sus cuerpos desnudos, sus gestos lascivos, sus manos tocándome pero no soy capaz de distinguir sus rostros. Tampoco sé sus nombres. Mi psiquiatra dice que son fantasías. Yo no se lo digo, pero a veces también tengo fantasías sexuales con él y entonces lo hacemos encima de la mesa, en el diván, en la alfombra... O ¿no me lo estoy inventando y en realidad lo hacemos? Tal vez… tal vez suceda. Creo que hay algo obsceno en la forma que tiene de mirarme. Todo es tan oscuro en mi cabeza… y estas voces que me hablan y me gritan.

Desde mi ventana abierta veo el cielo azul y oigo las risas de los niños en el parque. Yo, de niña nunca reía. Siempre tenía miedo y me escondía para que mi padre no me encontrara cuando llegaba a casa. Pero él me buscaba. Primero ponía sus manos en mi cuerpo y me tocaba. Cuando mis piernas se hicieron largas y mis pechos comenzaron a notarse fue mucho peor. Y así continuó hasta que me casé. Se lo conté a mi madre pero no me creyó. Dijo que me lo estaba inventando. Que todo eso estaba sólo en mi cabeza porque yo estaba enferma. Y ahora ya no sé si es cierto. Pasó todo aquello… ¿Y yo me volví loca? ¿Yo estaba loca y me lo inventé?... ¿Son también fantasías? No lo sé…No lo sé…mi cabeza está llena de imágenes, de caras, de voces… Cuando le pregunto al psiquiatra no quiere contestarme porque según él su único punto de referencia soy yo. La realidad y la ficción viven en mi mente y sólo yo puedo separarlas. Muchas veces, andando por la calle me persiguen. No sé quién son pues no tienen ojos, ni nariz, ni boca. Son cuerpos con cabezas sin rostro. Y sin embargo me gritan. Entonces me tapo los oídos con las manos y corro hasta que caigo agotada. Hay momentos en los que pienso en mi padre con cariño. Recuerdo aquella ardilla de madera que talló con su navaja para luego regalármela. Era una ardilla que comía una avellana y con sus patitas delanteras la sujetaba, mientras su hocico la mordía. Mi padre era carpintero y olía a madera. A mí me gustaba su olor. Un hombre que talla una ardilla de madera para su hija, ¿puede hacerle cosas malas?... Mis padres están muertos desde hace muchos años. ¡Muertos y bien muertos! Después de casarme nunca más quise saber nada de ellos. Los odiaba por lo que me hicieron. Cuando cumplí seis años me regalaron una bicicleta. Mi madre era costurera y para poder comprármela le dolían los ojos de coser tanto. Ahora estoy llorando porque recuerdo sus ojos hinchados y rojos. La echo tanto de menos… Sé que ellos hablaban de mí con mi marido y con mis hijos. ¿Mis hijos? ¡No! ¡Mis hijos no! ¡No quiero saber nada de ellos! ¡No hagáis que los recuerde! Yo ya los olvidé. Odiaba sus llantos y sus bocas siempre pidiendo y sus manos que no querían dejarme marchar. A veces, esas pequeñas manos acariciaban mi pelo y yo me reía. Entonces me gustaba tocar su piel, que bajo mis dedos tenía la tersura de los melocotones. ¿Dónde están? ¿Me abandonaron? ¿Los abandoné yo?... Estas voces martilleando en mi cabeza. ¡Si! ¡Ahora os atenderé! Sólo dejadme acabar…Tengo que contar lo que mi marido intenta hacerme. ¡Quiere envenenarme! Me da pastillas y me dice que son por mi bien. Yo hago que me las tomo pero me las meto debajo de la lengua y cuando no me ve las escupo. ¡Qué cielo tan azul! Y esa nube blanca… El aire es frío. Miro la calle. Debajo de mi ventana, empequeñecido por la distancia, hay un seto y al lado un rosal. ¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! ¡Debo hacerlo! Sólo así se terminará el dolor y no os escucharé más. Es fácil, primero saco una pierna, después la otra, me siento en el alféizar de la ventana, un pequeño impulso y… la paz.”

Pérezalberto@hotmail.com se quedó pensativo. ¿Qué hacer? ¿Era todo una broma pesada? Aquella mujer desesperada, ¿realmente existía? Pero si era real no quería contestarle. No sabría qué decirle y además habían pasado seis horas desde que ella le había enviado su carta. Posiblemente ya estaría muerta. O no y seguiría debatiéndose en su locura. Decidió que no quería saberlo. Pérezalberto@hotmail.com hizo clic y eliminó aquella carta de su correo electrónico.

Xeres

Señales de humo

Tan ocupados estamos en apagar, conectar, cargar, silenciar, borrar, comprobar, eliminar, organizar, buscar redes y cobertura que nos hemos olvidado de que nuestros teléfonos fueron hechos para comunicar.

En casa tengo cinco teléfonos (entre fijos y  móviles). Desde la base que los alimenta me miran con cierta arrogancia.

--¡Anda, atrévete a llamar! parecen decirme cuando de repente noto el irresistible impulso de descolgar uno y marcar tu número. Y la verdad es que no me suelo atrever, soy de naturaleza cobarde; ¿y si nos es la hora adecuada? ¿y si está ocupado? ¿y si le molesto? ¿y si lo coge ella? Con tantos ¿y si…? me asusto y renuncio.  Sin embargo, hace cosa de unos días, en una de esas renuncias tuve una gran idea, o eso me pareció en aquel momento. Cogí todos los teléfonos, un bidón de gasolina y les prendí fuego en la terraza de casa. Cuando el humo fue lo bastante denso, me quite la camiseta y empecé a mandar mensajes a la manera de los indios... ¡por fin podía comunicar contigo! En el cielo, en letras bien grandes, estoy segura de que pudiste ver mi   “te quiero”, cosa que, por otra parte,  también pudo ver la  vecina de enfrente, la del quinto, Doña Engracia. Llamó a la policía por escándalo público y acoso a su marido al que, según me contaron,  mis pechos impactaron. 

Ahora estoy en la comisaria  y antes de mandarme al manicomio me dejan hacer una última llamada pero no la haré… ya saben… ¿y si?                                                           Elegantex

 

 

25 de Diciembre

Las cinco, uf, aún me queda media hora en la estación de autobuses, ¿qué se puede hacer mientras se espera? pues mirar algunas tiendas, sentarse y esperar, mmm, no se, es que con esta maleta y con lo que pesa, bueno con las ruedas es llevadero. Miro algún escaparate, no se si comprar algún regalo, tengo tiempo de sobra, tras varios escaparates, decido sentarme, ya queda poco, miro a la gente, unos pasan tranquilos, otros corriendo, con mucha variedad de maletas y bultos.

Por fin anuncian la salida del bus, a donde voy escopetado, veo una cola tremenda, todos metemos las maletas, los que van al a la Plaza de la Gesta a un lado, los de la estación al otro, poco a poco subimos, me siento, a mi lado hay una chica muy guapa, la saludo, afable, con una sonrisita, tranquilo parecerás tonto, el bus tardó un poco en arrancar, pusieron no se que peli, no me atría mucho, el viaje pasó más o menos así:

Charlar con la chica que además de guapa era muy simpática, de 26 años y estuciante de medicina.

Leer un periódico que vi en el asiento.

Algún vistazo por la ventanilla.

Parada en Villalpando.

Alguna cabezada.

Y por fin el Negrón, Asturias, Patria querida, curvas y Oviedo, Plaza de la Gesta, mi parada, fin del trayecto, bajo, mi madre se abalanza a darme un sin fin de besos, llegamos a casa, cierro la puerta, empieza a nevar, bien, será una blanca navidad.

Por: Alex (Altezax)

La carta.

La carta.

 

 

LA CARTA.

 

 

 

Estoy escribiendo a un perfecto desconocido. No te conozco. Te espero, pero no vienes, te alejas más y más cada día. Estas envuelto en las sombras de las que no conseguirás escapar; te atraen y crees que la vida que percibes tras ellas es mejor, pero te equivocas. Hubo un tiempo en el que creía conocerte, pero estaba equivocada. Sufro tu silencio y mis noches son largas, muy largas,

tristes, y mis ojos se están secando como flores sin riego.

 

¿Algún día comprenderás que esas brumas de ensueño solo son eso, brumas, que absorben tu vida? El tiempo pasa y esa ausencia de aquel que eras me mata.

 

No quieres mi ayuda; huyes como un cobarde refugiándote en esa horrible soledad y yo, seguiré esperando tu regreso a la realidad ¿será acaso posible que salgas de tu letargo y comiences de nuevo? Un día tal vez…

 

 

 

 

 

 

Carmela.

 

 

EL REGALO DE HANS

EL REGALO DE HANS

 

Había posado las doce bolsas de regalos en el suelo, para abrir la puerta de la gran mansión, cuando, a sus espaldas, notó que le tiraban levemente del faldón de su abrigo, se volvió y la imagen que apareció ente sus ojos no pudo ser más entrañable; un muchacho con cara de susto, le ofrecía, alargando una de sus manos, el sombrero que el viento le había volado instantes antes.

Mientras se agachaba para ponerse a su altura, se fue fijando en él; su pelo rubio, parecía teñido a mechas en sus greñas grasientas y sucias, haciendo juego con su cara, en la que sin embargo destacaban como luciérnagas en la noche sus enormes ojos azules; la mano que sostenía el sombrero, no desentonaba de su cara, aunque esta además, tenía un color amoratado debido al frío de la noche. Se cubría con una enorme chaqueta, sucia y raída, que con las mangas remangadas le hacía las veces de abrigo. Sus pies estaban metidos, en una gran bota el derecho, y con un zapato que en su día había sido de charol el izquierdo, y de ambos sobresalían unos grandes calcetines de un color indescifrable.

_ Muchas gracias hijo, le dijo Lord. Nelson, supongo que además de frío tendrás hambre. ¿Cómo te llamas?

_ Hans, señor, respondió con  un hilillo de voz el muchacho, a la vez que le castañeteaban los dientes de frio.

_ Bien, pues esta noche, podrás cenar y estar caliente y limpio, en compañía de otros doce muchachos que se alegrarán de verte;  incluso, si no  tienes nada mejor que hacer, te puedes quedar aquí con nosotros hasta que tú decidas.

_ Muchas gracias, señor.

Lord Nelson se volvió para recoger las bolsas y entrar en la casa, cuando ante él, lo que había no era la suntuosa puerta de su mansión, sino una desvencijada puerta de una casa de dos plantas, de las típicas de los arrabales, con las paredes de piedra y la cubierta vegetal, se volvió y tras el muchacho, en vez de la gran escalinata, había una callejuela llena de barro y nieve fundida. Se quedó perplejo, casi a punto del desmayo, pero desde el interior le llegaban las voces de sus 12 hijos adoptivos y Hans, seguía esperando su invitación a entrar en la vivienda; de modo que, sin dudarlo más, cogió las bolsas y entró en la casa seguido de Hans.

La planta baja de la casa era una enorme estancia que hacía las veces de cocina y comedor, y en ella al menos había una gran chimenea encendida, a un lado una meseta de madera contenía un fregadero que desaguaba a un cobertizo que hacía las veces de wáter en el  patio exterior: un aparador, una alacena, una mesa alargada flanqueada por dos bancos sin respaldo y en las cabeceras, un enorme sillón destartalado y una silla con un respaldo muy alto. En un rincón bajo la escalera, una pileta de estaño hacía las veces de bañera.

Cuando lord Nelson entró, todos sus hijos corrieron a su encuentro, él con esa enorme bondad que le acompañaba desde hacía ahora un año, les fue propiciando besos y caricias a todos, mientras les adelantaba que hoy, Hans, cenaría con ellos y pasaría a formar parte de la familia si era de su agrado.

Pronto las escudillas, que sustituían a lo que en su momento hubiese sido una lujosa vajilla, estuvieron humeantes sobre la mesa, con aquel guiso de patatas y algo de carne, que poco tiempo tardó en desaparecer; unos sencillos panecillos dulces, hechos con aquellas unas uvas que se habían guardado secando colgadas del techo, fueron los postres.

Los muchachos estaban inquietos, pues sabían que en cada bolsa había un regalo esperándole; Lord Nelson no se explicaba, como viviendo de  aquella miserable manera, podían sin embargo seguir estando allí aquellas bolsas con regalos que, por otro lado recordaba perfectamente, había comprado unas horas antes; entonces se dio cuenta que ahora le faltaba una, la que le correspondería a Hans, y fue este, como adivinando su pensamiento, quien en ese momento habló:

_ No se preocupe señor, Vd. Ya me ha dado esta noche mi regalo.

En ese momento, sonaban la campanadas de media noche, anunciando la misa del gallo en la iglesia de San Michel; los chicos corrían hacia sus bolsas y solo Hans permanecía sentado en la silla de alto respaldo al extremo de la mesa frente a Lord Nelson, con una angelical sonrisa en su rostro, que ahora relucía limpio y resplandeciente, así como su dorado pelo. Fue en ese momento, cuando todo volvió a la normalidad y el suntuoso comedor de la mansión de Lord Nelson, cobró toda su majestuosidad y esplendor.

 

                                             

El trato

Erase una vez…  un niño de cualquier barrio mísero de Kosovo. Hoy se ha levantado pronto, es Navidad. La víspera, se empeñó en dejar sus zapatos junto a la ventana. Su madre no le dijo  nada cuando, unos días antes, le vio preparar una carta para Papá Noel y pedirle una bici (desde que han vuelto de aquel otro país su madre nunca dice nada, se limita a llorar en silencio);  su hermano mayor, como siempre, apenas si le hizo caso; su padre, sin embargo, se puso muy serio al recordarle que ahora todo había cambiado para ellos, que Kosovo no era Alemania y que tenía que ser razonable. Claro que sabía que el barrio infame, donde tenían que malvivir ahora, no tenía nada que ver con su otro pueblo, allá en Baviera, allá de donde le decían que no era,  pero donde hacía apenas seis años él había visto la luz por primera vez. Sí, lo entendía… habían sido repatriados (era una palabra muy complicada que no le gustaba al niño) ahora que la guerra había terminado y habían vuelto al país al que pertenecían aunque… ¿de verdad Kosovo era el país al que pertenecían? ¿De verdad existía un país para el pueblo gitano?

 El niño se acerca a la ventana… no está la bici, sólo sus zapatos de suela despegada aguardando como dos pobres centinelas. De repente el pequeño oye ruido en la calle y pega la nariz contra el cristal helado; el vaho de su respiración ha formado como una aureola; en ella y en la semiclaridad del día que nace, el niño ve, saliendo de un coche negro muy lujoso, a un hombre envuelto en un abrigo de cuero que le llega hasta los pies. Rápidamente el niño se vuelve a acostar –si  papa Noel me ve levantado no me dejará la bici – piensa  el pequeño.

Cierra los ojos. Oye la puerta que se abre. Oye a alguien dejando algo junto a sus zapatos al pie de la ventana. Oye la puerta que se cierra. El niño  entreabre los ojos... es una bici y es roja.

En la calle, el hermano mayor del niño ha vuelto hacía el coche,  se despide en silencio del hombre del abrigo de cuero; antes de desaparecer en su trineo negro el hombre le susurra:

--No lo olvides, ahora trabajas para mí, eso era el trato…  ya te llamaré.                                 Elegantex

“…compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo...” Is. 58, 6-7

Son  las doce de la noche del día 24 de diciembre y la lluvia repiquetea monótona en los cristales de las ventanas empañados por el vaho. La familia Rinaldi se dispone a celebrar la Nochebuena y como todos los años y manteniendo una tradición que se transmite de generación en generación se sienta un pobre a la mesa.  En el salón, donde tiene lugar la cena, los comensales se hallan sentados alrededor de una mesa rectangular de madera maciza. Todo en la habitación es recio, pesado y decadente. En una de las paredes laterales, en la que no tiene ventana, se halla situado un inmenso aparador de madera de castaño, con sus estantes y repisas de molduras torneadas. En su interior, aparecen colocados en perfecto orden, las tazas de café con sus platillos de porcelana floreada, los vasos y copas de fino cristal tallado y los platos y las fuentes de la vajilla, de color crema y rematada por un fino remate de oro. La amplitud de las dos ventanas de la habitación es disminuida por los amplios cortinajes granates que cuelgan del techo y que, llegando hasta el suelo, son recogidos a ambos lados, por gruesos cordones de pasamanería adamascada rematados en una borla dorada. De las paredes cuelgan cuadros con temas de caza, una alegoría de la muerte, escenas religiosas que representan el Martirio de San Sebastián, un Descendimiento y una Anunciación y varios bodegones, todos ellos enmarcados por molduras de trabajados relieves dorados. En el suelo, la alfombra adornada con arabescos y ramajes de tonos granates, verdes y marrones, ocupa prácticamente toda la estancia y sólo en las zonas laterales próximas a la pared, podemos ver el suelo de listones de la ya desgastada madera mate.  La enorme lámpara de brazos color cobre, que rematan en tulipas de cristal tallado con resaltes dorados, pende un tanto oscilante del techo de la estancia. Al lado de una de las ventanas y en una pequeña mesa de madera hay un belén barroco de madera policromada, flanqueado por dos altos cirios rojos colocados a ambos lados de la mesa. Entre las dos ventanas, una vitrina acristalada con un fondo de terciopelo verde, donde se muestra la colección de armas del difunto marqués de Rinaldi y sus antepasados. Encima de la puerta que da acceso a la habitación una imagen de Cristo crucificado cuelga de la pared, mientras contempla con su mirada imperturbable la escena que se desarrolla ante él.

                 Presidiendo en uno de los extremos de la mesa, la señora Delfina, viuda desde hace cinco años del marqués de Rinaldi, sentada en una alta  silla de madera con el respaldo y los brazos tallados con relieves florales e incrustaciones de metal. Desde su posición, sus ojos, de un azul acerado que se entrecierran hasta conformar una fina raya en su enjuto y arrugado rostro, escrutan con severidad todo lo que la rodea. Enfrente de ella, al otro extremo de la larga mesa, se encuentra su hijo primogénito y heredero del título, con sus negros y ya ralos cabellos perfectamente engominados y peinados hacia atrás. Sobre su nariz aguileña resbalan sus gafas de montura dorada, por lo que cada cierto tiempo se ve obligado a colocárselas de nuevo en el lugar apropiado, dando así la impresión de un tic nervioso. Y detrás de sus gafas, unos ojos rapaces que miran con lascivia el escote de la criada mestiza que aparece y desaparece en su trasiego de traer y retirar platos. El resto de los comensales, sentados en sillas de altos respaldos  tapizadas en color granate oscuro, lo componen la esposa del primogénito y sus tres hijos adolescentes, su otro hijo varón con su esposa y sus dos hijos pequeños, su hija recién casada y su yerno y por último, el invitado de excepción, el pobre, un indigente del que nadie conoce su nombre, ni su historia porque esto carece de importancia. Lo que justifica su presencia en esta mesa es el hecho en sí, motivado por la generosidad de los que hoy comparten su cena con él.

                Pero hay algo que a la señora Delfina no le cuadra en el menesteroso y es que parece no desempeñar bien el papel que le corresponde. Recordó que fue idea de su hija invitar este año al mendigo que dormía desde hacía un mes, en el portal del cajero automático del banco de la esquina. Ella, siguiendo la costumbre de su madre, siempre había preferido recurrir a las monjitas de Santa Clara para que le recomendaran algún viejito del asilo o algún pobre de los que comían en el comedor del convento. Pero desde hacía dos años su hija se había empeñado en ser ella la que tomara el relevo en esta tradición y la Nochebuena anterior había traído a un borracho que dormía debajo de unos cartones y que les había estropeado la cena con el olor que desprendía y la cogorza tan monumental que había pillado.

                Cuando lo vio por primera vez observó, que a pesar de sus ropas arrugadas y polvorientas, de su barba sin cuidar y de sus ajados zapatos había en él un aire de dignidad y orgullo del que carecían otros. Luego, le llamó la atención su educación, su forma de comportarse, como si toda su vida hubiera vivido en un ambiente así. Sus manos, finas y blancas, conservaban aún unas uñas redondas y cuidadas.  A la hora de la cena no había vacilado en la elección de los cubiertos para cada uno de los platos, había comido lentamente, sin glotonería, disfrutando de cada uno de los sabores. Con los caldos que acompañaron a las viandas había sucedido lo mismo, acertando con las copas apropiadas y su nariz se había detenido alguna vez a catar con deleite aquellos vinos. Sus maneras eran cuidadas y su conversación amena. A lo largo de la cena había opinado sobre literatura, historia y arte y para que no quedara duda de sus conocimientos sobre esta última materia, había hecho certeros  comentarios acerca de los cuadros que colgaban de las paredes.

                Y el colmo de los colmos estaba sucediendo ahora. El individuo, estaba enzarzado con su hijo primogénito, en una discusión sobre el papel de las teorías económicas en el desarrollo de los estados. Y estaba claro que su brillante argumentación no podría ser rebatida por su hijo. Éste, sintiéndose ridiculizado,  comenzó primero a ponerse pálido para segundos más tarde  pasar, en una gradación prácticamente imperceptible, a rojo, un rojo colérico y apopléjico.  Su piel antes amarillenta y rugosa se volvió brillante y a punto de estallar de tan hinchada y sus ojos rapaces, escondidos detrás de las gafas, crecen y amenazan con salir a través de los cristales. De repente y con un brusco movimiento se pone de pie. La silla cae con gran estrépito al suelo y el heredero del título, herido en su orgullo vocifera:

                - ¡Váyase inmediatamente de aquí! ¡Es usted un mequetrefe! ¡Un farsante! ¡Esto no es lo que se esperaba de usted! ¡No merece  compartir nuestra mesa en una ocasión tan especial como ésta!

                De la garganta del indigente sale una carcajada incontenible, gutural y ronca,  sus ojos se vuelven acuosos y todo su cuerpo se estremece en pequeñas convulsiones provocadas por el ataque de risa. Pero para el hijo de la señora Delfina,  quizá ciego y sordo por la ira,  lo que oye son sonidos cavernosos que provienen de los abismos y al mirar sus ojos, sólo ve dos rayas amarillas inyectadas en sangre y para su mente febril, no es otro que el Maligno el que provoca aquellos espasmos en el cuerpo del mendigo. Despavorido, corre hacia la vitrina donde están las armas de sus antepasados y cogiendo una pistola dispara repetidas veces al pobre. El cuerpo de éste cae sobre el mantel de hilo blanco y la sangre que en un principio mana de color roja va tornándose negra… mientras el aire de la estancia va llenándose del olor acre del azufre.

 

 

Xeres

 

Foto de navidad

Foto de navidad

(Otro cuento es posible)

 

      Los primeros en animarse fueron los boyx.

      Amadox observaba y reía a mandíbula batiente en pose de Papá Noel, regalando letras y palabras que sacaba de la gran bolsa que portaba.  Sandax se atusaba, coqueto, la melena mientras escribía “al aire”; y  dejaba que Buldox utilizara su espalda como improvisado escritorio.

      Alex, pintado como Baltasar,  se frotaba los oídos incrédulo y jocoso ante lo que Jorgx le contaba ¿?; entre cortado y divertido; al tiempo que  Mogox se entretenía midiendo las distancias con su calibre para que nadie “se saliera de madre”.

      De una forma u otra, todos ellos se dejaban llevar. Incluso, Alfonx que decía “Me habéis pillado otra vez, si lo sé no vengo”, posaba como el mejor, auscultando la bolsa de Amadox.

      Distrax observaba por encima de sus gafas y advertía con regodeo: “Chic@s, que nos estamos saliendo del tema". Tardex, aprovechando que le sonó el móvil salió y cuando volvió sonreía picarona mientras su maleta, que se abría hierática, le cubría el cuerpo a modo de vestido.

      Malalax y  Vox se acicalaban con letras y peleaban con Bordex, que sufría un ataque incontenible de risa nerviosa, para pintarle el ojo, del que salían frases en forma de lágrimas. Xerex, con el boli entre los dientes, las ayudaba y le aseguraba pillina: "déjate, bobina, que estás muy guapina".

      Meg, ya lista en su papel con un hermoso tocado a base de bien afilados lápices de colores, esperaba paciente, mirando de soslayo con aire travieso. Elegantex sostenía en una mano una antigua pluma de marabú y, en lo alto de la otra, un bonito tintero, y amenazaba con una mueca de fingida maldad: "Chic@s, a quien se mueva se lo lanzo abierto ¡y esto es sólo el empiece!"

      Sin duda, las girlx fueron las más bulloneras, pero también se dejaron llevar.

      A pesar del guirigay, Mercex no parecía decaer en su empeño por sacar de este taller algo diferente. Muy al contrario, a golpe de silbato arbitral, consiguió finalmente domesticarlos, quiero decir alinearlos, para la foto. Poco a poco fueron componiendo un original Grupo de Calendario Navideño Literario.

      Los más espabilados ocultaban sus partes pudendas tras algún compañero. Los otros las cubrían hábilmente con libros, aparentemente abiertos al azar, y folios multicolores, que caían sinuosos y de los que se desprendían letras y frases enteras. Lápices, bolis, tinteros y ¿dientes? se esparcían por doquier...

      Del silbato de la profe salían ondulantes líneas de hermosos versos que se mezclaban con las bellas palabras que caían de libros y folios: Sabina, Machado, Marta Sosa, Shakespeare…todos estaban representados y, como los caligramas, adoptaban formas caprichosas que servían de improvisada "parrera" para algunos.

      Cuando por fin todos estaban colocados entró al fotógrafo.

      El resultado colgó durante todas las Navidades en la puerta principal de la Biblioteca junto a una hucha y el siguiente cartelito:

“Solidaridad a 1€. Otro cuento es posible.

Mira el GCNL  y, si te gusta,  deposita 1 € a beneficio del pueblo de Hua-tin, en Nepal”.

      El pie de foto rezaba: "El TLS se desnuda, literariamente, para escribir su particular cuento de Navidad"

      Decenas, que digo decenas, cientos de personas pasaron por la Biblioteca y casi todos dejaron su euro. Algún avispadillo se las arregló para hacer copias a todo color que se vendieron clandestinamente a 15 € el ejemplar. Hubo que cambiar la hucha cada día. La suma recolectada fue tan elevada que hubo dinero suficiente para construir una escuela en Hua-tin y pagar a una maestra durante todo el año 2010.

 

Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Fundido en negro.

 

    Bisha

 

AYER

 

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     Trascripción literal de un escrito de mi abuelo Juan que a pesar de sus limitados recursos gramaticales describe con intensidad y riqueza descriptiva este dramático parto (uno de los 8) de mi abuela y que brindo aquí a la concurrencia por si hubiere hacia ello curiosidad. ¡Aquello era parir!

 

 

       El dia 20 de Enero de 1923 nació una niña en cuyo parto asistio a Maura la sra.Calixta del cual quedó bien pero alos pocos minutos empezo a quejarse de un fuerte dolor de estomago locual dio lugar habisar al medico Don Francisco Mendez especialista en parto alas 10 horas le empezaron a dar ataques del primero se callo de la cama y sedio un golpe en la nariz y a la hora y 30 le repitio otro y asi le siguieron dando hasta 8 o 9 uno leduro 50 minutos. Analizado el orin resulto que todo era algumina y como es natural la muerte era efectiba pero el medico ordeno que habia necesidad de poner todos los medios de poderla salbar y dispuso abisar a una profesora en partos a Doña Rosario Urabo la cual actuo de practicanta.

        Se personaron los dos alas 9 de la noche asta las 2 de la mañana este tiempo fue en sangrarla ponerla inyecciones de morfina 16 sanguijuelas lomenos 20 bentosas 3 irigaciones y 3 purgantes y en los riñones la hicieron dos cisuras en forma de cruz y bentosas con los vasos lacual le estajon medio vaso de sangre.

         Al dia siguiente a las 7 de la mañana desperto de la morfina y desde esa hora empezo con otro ataque delirando asta las 6 de la tarde dando gritos y boces todo el dia y hubo que darle dos baños con agua caliente a vida o muerte y poniendose una bejiga de hielo en la cabeza y después en el vientre y después los labados de obarios y matriz.

          La niña nacio a las  3  15 de la madrugada del dia 20 de Enero.Pero a causa de la enfermedad de Maura fui adar conocimiento al juzgado y por hir un dia después del plazo reglamentario hubo que hacer la partida con fecha 21 por ebitar una multa. Asi que en la Iglesia tambien se hara con fecha 21. Tambien visito a Maura Don Primo Garrido que tomo gran interes en ala gravedad.

                                                                                                                            Inextriqueibol man

En mi cabeza

“Extraño como un pato en el Manzanares”, un comentario… ¿cómo dijo? sí, exhaustivo... esa fue la palabra, casi nada … extraño como un pato en el manzanares, o como en el Raíces… ¡hay que tener ganas! tener alas y venir a parar en el Raíces… ¡de locos! Raíces ¿tilde o no tilde? ya corregiré al final. “Torpe como un suicida sin vocación”, ya… como esa tía mía, lo justo para llamar la atención… sí, pero de todas formas hay que tener huevos. “Absurdo como un belga por soleares”… yo, aquí, diré lo que dijo  Bulldox. No recuerdo bien lo que fue pero me gustó. ¿No sé si los del taller saben que en Francia se hacen bromas sobre los belgas, como se hacen aquí sobre los de Lepe?… tendré que decirlo.
“Vacío como una isla sin Robinson”. Que no se entere nadie de que nunca leí el libro… y de no ser por Jorge el nuevo, aún no sabría quién lo escribió… un tal De, De… Defoe… bueno, creo que algo así… y por cierto ¡vaya setas más ricas que me dio!…Defoe no, Jorge...  y ¡qué bonitas! se llaman “pie azul” pero creo que su nombre científico es “lepista nuda”.
“Oscuro como un túnel sin tren expreso" ¡bah! esto cae de cajón… ¿y si comprará una Nespresso para tía Conchi? ¡qué rollo lo de los regalos! para que luego no pueda tomar café por lo de la tensión o me diga que ya la tiene… ¡menuda es, la foca esa! “Negro como los ángeles de Machín”… la profe mandó algo sobre ángeles, tendré que leerlo. “Febril como la carta de amor de un preso”… este verso no me convence, sería para la rima: preso con permiso. Para mí que todas las cartas de amor son febriles y ¿no es verdad que todos los enamorados están presos de su amor? ¡joder, pero qué bien me ha salido! aunque ¿qué se dice?... ¿están o son presos de su amor? … bueno, ya lo preguntaré. Y ahora tengo que abreviar, si no lo hago se dormirán en el taller. Ahora viene lo del quinto en día de permiso ¿y qué más y qué más?…ah sí… el santo sin paraíso, el ojo del maniquí, el barco sin polizones… digo yo que serán alusiones a  las guerras, a las religiones, a la ceguera de los hombres, a la pobreza, la inmigración. Lo del torero me lo salto y que les den a todos… ¡pobres toros! Pero ¡qué bueno es eso del dialogo interior!…  tendré que darle las gracias a Tere por su Delibes. Ahora ¿a quién tenemos? A Imanol Arias, al  coronel besucón , al párroco en un burdel… ¡Ay Sabina mío que complicado eres! Vamos a ver, supongo que aquí te refieres al  miedo a la libertad  y a todas esas cadenas que nos inventamos para sentirnos menos perdidos.  Pero a ver lo que opinan los demás, porque estoy un poco como ese taxi tuyo en el desierto, errante del todo. ¡Vaya! otra vez lo del torero triste… lo que son las cosas,  a mi me gusta mucho más el verso del niño sin cumpleaños, el del pájaro en un desfile. Pero, resumiendo, tenemos historias dentro de historias, historias contradictorias, situaciones absurdas, injustas, tristes… en el fondo somos todos un poco como aquel párroco inquieto en un burdel, con la sensación esa del  ¿qué coño estoy haciendo aquí? pero claro todo cambia, según Sabina, si estás tú… sí, tiene razón, creo que puede haber momentos en los que todo parece encajar a la perfección , como las muñecas rusas, y el mundo nos parece maravilloso… y  es verdad también que eso suele ocurrir cuando estás tú. 

                         Elegantex

 

NATURALEZA&INTELIGENCIA=EXPANSIÓN VIDA

             Yo, especie de espontáneo en esta plaza de tientas, lanzo aquí inusual teoría al alcance de quien lea, pensante y para que tal vez sonría.

            Visto que la Naturaleza biológica se esfuerza en prosperar sin importarle el medio o el lugar, ya sea en la Antártida o Atacama o en las aguas calientes de las volcánicas grietas del mar. Bacterias, células vivas, la vida siempre quiere estar, permanecer, expandirse...y busca recursos, miméticos, dérmicos, simbióticos; puro ingenio, el caso es prosperar ya sea una amapola o un lenguado, un mosquito o el virus de la gripe. Superar el entorno y ampliar espacio parece el objetivo de la Naturaleza para con la vida.

            Esa Naturaleza que impele la expansión y proliferación de la vida pudiera ya estar utilizando nuestra inquieta inteligencia para exportarla lejos de la Tierra recreando futuro biológico allá donde ahora ni siquiera alcanzamos a imaginar.

                                                                                                                                                                     Inextriqueibol Man

canciones pop

canciones pop

Los viejos vinilos,
no han dejado de dar vueltas, girando trescientos sesenta grados.
Ondas concéntricas que describen los surcos del tiempo, fín de una época.
Noches perdidos, tú y yo, en los bares bailábamos hits de los ochenta.
Canciones que acompañaban nuestros paseos por calles mojadas y frías.
Estribillos con bis cuándo te decía que te quería.
Sentados en el muro de la playa, fin del verano. 
Besos con sabor a chicle de fresa.
Aceras de nuestra ciudad, llenas de melodías y pentagramas, do-re-mi-fa...
Guardo aquella entrada de la "Sala el Sol" dónde te besé escuchando a "Nacha Pop".
Las cassettes TDK rebobinadas con un Bic
En una caja de cartón, aquellas chapitas de los "Clash", de los "Pistols";  recuerdos pop
No dejabas de ver ni un solo domingo "La Bola de Crsital",
descubrimos a "Radio Futura" y caímos enamorados de la moda juvenil.
Querías parecerte a Paloma Chamorro, en "La Edad de Oro".
Peinarte a lo Alaska y pintarte los ojos a lo Bowie, para dejar de ser esa niña formal.
El tocadiscos y los vinilos comprados en "Discoteca",
en la selcción del cuarenta al uno del fin de semana.
Nuestra canción aún se deja oir por el dial.
Antonio Vega, sigue preguntando si eras tú "la chica de ayer"
solo que ahora eres una señora casada con un tipo importante,
frecuentas salones de té y pagas con Visa Oro.
Quizás recuerdes que hubo una epoca en la que fuimos felices,
en la que escuchabamos todas aquellas canciones,
en la que teniamos un corazón rock & roll cinco estrellas

Jorgx

UN OBJETO MILENARIO

El día que Mercedes nos mandó llevar un objeto, yo llevé uno; creo que alguno de vosotros lo visteis. Estaba haciendo el Camino de Santiago el siguiente día que llevasteis el objeto y ese día, os puso la tarea de escribir aquello que oralmente habíais descrito de vuestro objeto. Hoy aunque ya no voy a haceros la descripción oral del mismo, si quiero escribir sobre él.

Si os recordáis, mi objeto era “un hacha de piedra pulimentada”, es un objeto que puede tener entre seis y ocho mil años; no en mi poder, claro, pero…ahí está precisamente lo curioso de mi objeto.

Lo encontré en una finca que tengo en La Braña, cavando la tierra. Cuando compré esta finca hace unos 30 años, tuve una sensación muy extraña; era como si de alguna manera, no me creyese que podía comprar una finca tan magnífica que a la vez era como…un lugar conocido para mí.

Unos años después, plantando manzanos, me encontré con una zona de subsuelo con una capa gruesa de tierra negra, como restos de una hoguera. Una vez más, volvió a asaltarme la sensación de reconocer aquel lugar y empecé a fantasear pensando que podría haber encontrado restos de alguna zona poblada en la antigüedad, en la que había sido quemado el bosque para ser utilizada, o tal vez los restos de esa época en la que los humanos vivieron entre la existencia en las cavernas y los castros y de la que por los materiales empleados para la construcción de sus poblados, no existen restos.

Un par de años después, mientras preparaba la tierra para sembrar patatas, (recuerdo que estaba ya anocheciendo y casi ya no veía lo que estaba haciendo) al voltear una palada con un “palote”, salió una piedra  manchada con el mismo color que la tierra que trabajaba; mi mujer estaba a mi lado cuando salió de mi un grito; el grito: ¡un hacha!; pero aquella no era <un hacha> sino que tuve la sensación de que era <mi hacha>, la reconocí inmediatamente; mi mujer pensó al principio que se trataría de una vieja hacha de hierro pero, cuando me vio con una piedra en la mano dijo: ¡pero si eso es una piedra!  Pero yo, incluso antes de lavarla, sabía que acababa de desenterrar era un hacha de piedra del neolítico.

Un tiempo después vino un arqueólogo a mi finca, reconoció el hacha y me dijo que se trataba de un “hacha votiva” y que aunque muy deteriorados, parecía apreciar dos túmulos en la finca; luego me preguntó por un canto rodado que yo mismo había colocado en un muro de piedra que hacía poco había hecho, quiso saber de dónde la había sacado a lo que le respondí que lo había cogido allí mismo; años después, otro arqueólogo me pidió que quitase aquella piedra del muro y contrastó que se trataba de un canto rodado convertido por alguien hace miles de años en un “bifaz”; sin embargo, aquel otro instrumento prehistórico, no produjo en mi la misma sensación que me había producido el hacha; mi mano no sentía lo mismo cuando tocaba el uno y la otra.

Hace casi veinticinco años de aquél acontecimiento y ahora tengo la necesidad de escribir sobre todo esto; así que, he pensado que voy a tratar de escribir una novela, que trate de enlazar la circunstancia que hizo que ese hacha llegase a lo que hoy es mi finca, con la compra de la misma, el posterior descubrimiento del hacha y las sensaciones que esta  produjo en mi.

 Sandex

Un Objeto: una caracola

Hace unas semanas, la profesora del taller literario, nos pidió que lleváramos un objeto, era algo dificil el pensar el qué llevar, a mi mente, sin más, me vino la de un vaso sin saber porqué, supuse que en clase dirían que un vaso está vacio, a lo que respondería, sí, pero se puede llenar, siempre, aunque quede algo biblico, "darás de beber al sediento", en lo sucesivo pensé, podría ser un vaso de sidra, así por lo menos tendrá una connotación asturiana, pero esa idea la descarté, pues no sé porqué no me parecía buena idea, así que llegó el día y yo sin nada que presentar, por lo que llevé lo primero que vi, un caracola y a mi modo de ver, era un objeto exótico.

Una vez en clase, expuse mi objeto, la caracola, fuí muy breve, pero bueno, lo breve dos veces bueno, enseguida me vino a la mente que ésa y otras más estaban en la floristería que mi madre tenía cuando yo era un chavalín de 5 ó 6 años, ambas cosas, me traen buenos recuerdos, tanto la floristería como mi querida infancia.

Ni que decir que si acercas la caracola a la oreja, puedes oir claramente el mar, por cierto, la profesora comentó que con un vaso de nocilla también se puede oir, jajaja, muy sutil, aunque ni comparación, bueno sin comentarios, además, al verla te puedes transportar  a una playa, es más, caribeña.

Al salir de clase, pregunté a mi madre en donde la compró y me dijo que posiblemente sea de Miami, de cuando fuimos ya hace mucho tiempo, concluyendo ahí su historia.

Por: Alex (Altezax) 

Sensaciones y evocaciones

Cerré los ojos y mientras lo acariciaba con mi mano, sentí que la superficie de aquel objeto bajo mis dedos resultaba fría, dura y lisa, sin grietas ni ondulaciones. Incluso la parte que conservaba aún el grabado de un antiguo dibujo japonés era ya imperceptible al tacto, de tan pulida por el persistente y continuado roce de mi mano. Seguí tocándolo con los dedos y luego con la palma de mi mano y pensé que era sugerente y evocadora de tiempos pasados esta manía mía de acariciar aquel objeto. Lleva conmigo más de veinte años y ha ocupado en una esquina, pero siempre al alcance de mi mano, las sucesivas mesas de escritorio que tuve.

                Forma parte de mi vida. O quizá, pienso,  sería más correcto decir que ha sido partícipe de ciertas sensaciones que he experimentado porque a lo largo de todo este tiempo, en determinados momentos, mi mano necesitaba el contacto de su fría materia. Así, solía apoyarse lánguida y relajada en su superficie y mis dedos lo frotaban suavemente cuando el libro objeto de estudio era de mi agrado, pero la misma mano se crispaba nerviosa y los dedos, antes dulces y suaves, lo golpeaban con un tamborileo desasosegante si me aburría. Otras veces, cuando la mente se me perdía en ensoñaciones, mi mano era envolvente y acariciadora, como mis sueños.  Si en un momento dado, ante la proximidad de un examen, me asaltaban las dudas y no encontraba la respuesta a éstas, mis dedos frotaban con fuerza una de sus caras, pretendiendo quizá modelar como si fuera arcilla aquel duro material y si los nervios me atacaban, eran mis uñas las que rascaban aquel pequeño trozo de mármol blanco, en el vano intento de tallar en su satinada lisura pequeñas nervaduras.

                Pensativa sopesaba en la palma de mi mano aquel frío prisma rectangular, para luego recorrer con mis dedos las aristas de los lados. No sin añoranza, evoqué los sucesivos y diferentes entornos domésticos que rodearon a aquel paralelepípedo de color blanco desde que comenzara a ocupar aquella esquina de mi mesa de escritorio. Mirando a mi alrededor comprobé que, excepto los libros, nada de lo que me rodeaba tenía su misma antigüedad pues, bien por caer en desuso, o a consecuencia del inevitable deterioro del tiempo o por hartazgo, había sido sustituido.        

                Mientras recordaba con agrado su procedencia, ya que había sido el regalo de una buena amistad, llegué a la conclusión no sin cierta perplejidad, de que en realidad, en muy contadas ocasiones, aquel objeto había desempeñado la función para la que había sido diseñado: pisapapeles.   

 

 

Xeres

 

Los objetos nos hablan

Los objetos nos hablan

(Vacía pero llena)

 

  La que más nos dijo fue la maleta vacía de Tardex, porque ¿cuántas cosas de las que poseemos realmente queremos llevarnos? Ella, ninguna. Y todos iniciamos este viaje oral con nuestras maletas vacías.

  Pero nuestros objetos continuaron, locuaces.

 

  Alex escuchaba el mar, inmenso, desde su caracola, que me dijo que yo también tenía una. Aunque ¿quién sabe? Quizás fuera un vaso…

  Buldox nos mostró al verdadero amigo del hombre. Y me habló de mi querido Kako al que enterramos hace 5 años.

  Malalax nos llevó en barco por Tierra de Fuego en la que, por cierto, hace tanto frío. Y desempolvó en mi memoria aquellas crónicas que me mandaba Ismael cuando escaló el Aconcagua.

  Mogox nos trajo lo que dijo que era un calibre, un pie de rey. ¡Ja! (entre nosotros), en realidad era un caballo de latón. ¡Cuántas millas recorrí a lomos del caballo de mi abuelo por los dorados campos de Castilla!

  No como el caballito de Meg, claro, tan tierno, tan triste. Aunque todos los caballos trotaban a su manera. Cuando Loli nos dejó, quise quedarme el suyo, pero era de madera y había herederos preferentes.

  Cándidos, picamos el anzuelo entrañable que nos puso Bordex en su emotivo reencuentro con “la pesca”. Nos sacó, como a pececillos incautos, por un instante, a la superficie de la realidad. Casi nos asfixiamos…

  …hasta que Alfonxs, juguetón, nos hizo perdernos de nuevo en el complejo y enrevesado cubo de los olvidados juegos de la infancia.

  De infantes era el relleno del tintero de Dominique y ¡Ay!…vino el ratoncito Pérez.

  Los “días de radio” de Jorgx, eran días en blanco y negro, al calor de la posguerra y las abuelas: Las bollinas, las toriijas…me arropaban sus faldones.

  Y Vox: agua, anillos y amores…de plata y soberanos, perdidos y hallados. 

 

  Partimos con nuestras maletas vacías, sí, pero nuestros corazones abiertos. Los recuerdos llamaron  y los objetos, uno a uno, entraron.

  Mi maleta está otra vez llena: la caracola que me regaló mi padre, la correa de kako, las cartas de Ismael, el cielo de Castilla, Loli vestida de blanco y gasa, las tardes de pesca en San Ciprián, el Escalextric, el botón del ratoncito, el brasero de la abuela…y un Claddagh.

 

Y cada uno que llene (o vacíe) su propia maleta.

 

Bicha

El viento

El viento

Sus hojas se fueron

El viento se las llevó

A un lugar muy lejano

Donde brilla más el sol.

 

Triste se quedó el tronco

Esperando su regreso

Desnudo ante el mundo

Sufría gran desconsuelo.

 

La primavera llegó

Y con ella la riqueza

Llenando a nuestro tronco

De una increíble belleza.

 

 

 

 

 

 

Yox.