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Taller Literario de Salinas

De vino y amor

Entras por la vista.

Entras por el olfato.

Entras por el gusto.

Tinto te escogí.

Y te vi, brillante.

Y te olí, afrutado.

Y te saboreé, azucarado.

Recorriste mis labios.

Recorriste mi lengua, mi garganta.

Tus sabores se percibieron en mí.

Ácidos, amargos, persistentes.

En cambio, tú, mujer.

Me sedujiste.

Tu sensualidad,

ese perfume de lima limón,

tus labios,

ese sabor al amor,

tu pelo,

ese rubio de luz intenso,

tus ojos,

ese azul de mar caribeño,

por el que naufragio,

por el que me pierdo.

Todo acabó en lo más placentero.

Por: Alex (Altezax)

Relato con tres finales

Era una tarde primaveral, los heliotropos, lavandas, amapolas y otras florecillas silvestres coloreaban los bordes del camino, la luz del sol ya sobre el horizonte alargaba las sombras sobre la pradera cercana, al entrar en el bosque se sentía la bruma húmeda que impregnaba todo, un caballero iba pensativo cabalgando por el sendero que lo llevaba al castillo sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor.

Una voz extraña gutural y chillona se escuchó entre la espesura.

-          ¡Príncipe, príncipe! por favor ayudadme.

El caballero detuvo su caballo y trato de escuchar de nuevo, no estaba seguro, había escuchado algo, un ruido, una voz, un lamento. Se detuvo y preguntó:

-          ¿Quien llama? Y se quedó escuchando con atención

-          ¡Príncipe ayudadme por favor! repitió la voz,  aquí, aquí abajo, por favor Príncipe

El caballero siguió la voz hasta que encontró una rana verde que sobre una roca lo miraba con cara de tristeza.

-          ¡Una Rana que habla! Exclamó sorprendido.

-          Si, su alteza, ahora soy una rana pero yo realmente soy una joven doncella que una bruja mala ha encantado, por favor ayudadme. Vos sois el único que puede hacerlo. Cuenta la leyenda que si vos me das un beso se romperá el encantamiento por favor, besadme Príncipe mío. Os prometo que seré tu sierva fiel para siempre.

 

Primer final el de los cuentos de hadas:

El caballero que era un príncipe de verdad, príncipe  con corona, espada, capa de armiño y botas de cabritilla tomó en sus manos a la pequeña rana verde y pensando que no perdía nada en probar le dio un beso.

De la rana salió un estampido que tiró el príncipe al suelo y delante del apareció una escultural princesa desnuda y sonriente. Gallardamente se quitó la capa de armiño y la cubrió con delicadeza. Se fueron sonriendo al castillo, comieron perdices y vivieron felices rodeados de gran lujo y riquezas.

 

Segundo final más realista:

El caballero, que si era caballero pero también era viejo, con casaca gastada y un poco doblado por los años y las angustias económicas tomó la rana con delicadeza se la acercó a los ojos cansados y la observó detenidamente.

La rana al darse cuenta de la edad del caballero, parece que las ranas también tienen poca vista, le dijo:

-          Su señoría tendrá en mí siempre una amiga que le dará todo su amor y lo acompañara en su vejez. Caballero dadme un beso os lo ruego y seré suya para siempre.

El caballero con mucho cuidado envolvió a la rana en un pañuelo y se la metió al bolsillo.

La rana desde el bolsillo le gritaba:

-          Por favor caballero dadme un beso y conviérteme en doncella para vos.

-          ¡No, que va! A mi edad es más divertido tener una rana que habla, para que quiero una doncella cachonda.

 

Tercer final: la versión machista :

El caballero que de verdad era un funcionario medio o un soldado de permiso, rápidamente bajo del caballo, pensando que era la oportunidad de su vida, tomó a la rana y le dio un beso, el estampido también lo tiró al suelo, pero al ver a la doncella desnuda se le pusieron los ojos como dos huevos fritos, pero la doncella al verlo así, le hablo con mucha dureza:

-          Por favor caballero, también cuenta la leyenda que si hicieres lo que estas pensando quedarás encantado.

El caballero lo hizo dos veces y quedo ¡Encantadísimo!

 

Bulldox, marzo 2010

SENTIMIENTOS, SENTIDOS, ILUSIONES

 

Suele suceder al amanecer o en algunas noches de insomnio, al final, casi siempre ocurre en esa duermevela que acompaña a ambos.

¿ Cuánta veces has sentido esas deseadas manos que te acarician dejando hirsutos todos los vellos de tu cuerpo, como nunca jamás los sientes en otras ocasiones?¿Acaso nunca te has encontrado acariciando a esa persona deseada en esos momentos y cuando te das cuenta, eres tú misma o mismo, el que acaricias tú propio cuerpo, todo ello en medio de unas fragancias que te penetran hasta lo más íntimo de tu pituitaria, e instalados ambos en unos mullidos y cómodos cojines, o en medio de una enorme cama totalmente irreal?

¿Nos están engañando los sentidos?, ¡Nuestra conciencia en esos momentos no es real! ¿Son acaso sentimientos e ilusiones no cumplidas, las que nos puedan llevar realmente a pensar, que nuestros sentidos dormidos, puedan percibir todas las sensaciones, no ya como reales, sino, más bien ensalzadas y aumentadas hasta unos límites que, incluso nuestro cerebro no puede soportar y entonces nos despierta, sacándonos del trance?.

La sensación de caerte en el vacío, escuchando el ruido que produce el aire ante nuestro desplazamiento. O la de cansancio por mantenernos a flote tras haber caído al agua, el notar como el frio entumece nuestros músculos y finalmente ese salvavidas que es volvernos nuestro cerebro a la realidad, cuando nuestro cuerpo está a punto de sucumbir.

¿Quién no paseó por el campo en primavera, impregnándose de sutiles olores, y vivió momentos felices arropados por un inmenso manto de hierba, mientras en la cercana arboleda, los malvises, petirrojos, alondras o ruiseñores, forman una espléndida orquesta que ningún compositor humano puede igualar?

¿Qué son pues entonces los sentidos?

Por mi parte me inclino a pensar que no son, sino vagos recuerdos de sentimientos añorados, tal vez en otros estadios vividos, que reflejados en el espejo de las ilusiones, deseamos unas o tememos otras veces poder alcanzar.

 

                                                           Sandex, 2 de Marzo de 2010

 

 

LA BODEGA

 

Es el final de la calle,  detengo el coche y paro el motor. Viejas paredes de adobe soportan el calor abrasador del mediodía, viejos muros resecos y arrugados. Como lo son esos morenos rostros que camuflados en alguna endidura me examinan con ancestral desconfianza.

Nada mas abrir la puerta del vehículo, una ola de aire hirviendo inunda el habitáculo, ansioso por devorar la frescura artificial  que ofrece el aire acondicionado, y de paso también a mí.

Son las tres de la tarde, y eso en pleno mes de Agosto, aquí en la Meseta castellana significa siesta. No se ve un alma por los alrededores, ni un perro, ni un pájaro.

De lejos llega el sonido de una persiana que al desplegarse dará sombra a alguna alcoba.

Estoy frente a la última casa del pueblo. Golpeo la puerta con los nudillos, pues no hay timbre. No hay respuesta. El calor es insoportable y ya estoy sudando. Vuelvo a llamar, con mas fuerza esta vez. El sol me aplasta contra el suelo. Solo se oyen chicharras cantando a lo lejos, y un puñado de moscas zumbando sobre los restos de un gato muerto, que desde debajo de un achatarrado tractor, ofrecen su aroma de verano.

Cuando ya me voy a ir, una mujer se asoma al balcón en el piso superior. Su aspecto indica que la he despertado.

¿Qué deseas joven? Me pregunta esta madura lugareña que aparenta cuarenta y tantos años. Cubre su cuerpo con una ligera bata, apenas abrochada con un par de botones.

Buenas tardes, perdone que la moleste. Me dijeron en el bar de la carretera que aquí podría comprar un poco de vino, pues parece ser que tienen ustedes bodega…

. Es cierto, me contesta mientras trata de cubrirse un poco, pero abrimos a las seis, tendrás que venir mas tarde. Además hoy no está mi marido, pues ha ido a la capital.

Mas tarde imposible, lo siento señora, pero voy de paso y no puedo detenerme mucho tiempo.

 Mientras examina mi aspecto valora la situación.

Espera un momento, que ahora bajo, dice de mala gana.

Si no me pongo pronto a la sombra me voy a deshidratar.

La puerta se abre y me invita a pasar. Ya dentro observo un patio que parece un vergel, con muchas plantas y una fuente que refresca todo el lugar. Ramos tendidos de orégano y tomillo aromatizan agradablemente el lugar. De cerca, esta mujer me parece muy hermosa, atractiva a pesar de notarse en su aspecto un ligero abandono de la coquetería femenina .

¿Puedo beber agua del botijo? Le pregunto.

Claro por supuesto. Mientras bebo me analiza de arriba abajo. A mis treinta años, moreno, alto y de buen ver, según mis amigas, supongo que no le disgusto. Además me doy cuenta de que se fija en una dilatación natural que mi vaquero, de las perneras cortadas, no puede disimular.

Al mismo tiempo, yo la observo como posible pareja para un escarceo. Sus pechos, generosos, se ven turgentes a pesar de la ausencia de sujetador, incluso las mágicas esquinas de esos senos, se hacen notar, y a duras penas, logran permanecer ocultas.

Me indica una puerta,- es por aquí-. Me entrega una linterna. Debes alumbrar la escalera, solo funcionan un par de bombillas de cuarenta vatios y apenas se ve. Espera que cogeré una jarra, nos hará falta.

Yo he bajado varios escalones, me detengo para esperarla, y al volverme hacia la entrada, veo su cuerpo que en contraste con la luminosidad exterior muestra una silueta perfecta, apenas disimulada por las transparencias de la bata.

Me noto muy excitado, y el instinto comienza a despertarse.

Una vez abajo la fresca temperatura suaviza la transpiración de los cuerpos. Aquí, huele a tierra húmeda y a vino. En medio de la penumbra se adivinan grandes depósitos rebosantes de distintos vinos.

Debo subir por la escalera,- me dice- para ver cual es el clarete que quieres, Es mi marido el que lleva esto y no tengo ni idea.

 Todo está muy oscuro y es estrecho, tan estrecho, que cuando ella tiene que adelantarme, no podemos evitar rozarnos de frente, apretadamente pues el angosto pasillo tendrá cuarenta ó cincuenta centímetros de anchura. Ella ralentiza el momento hasta cinco ó seis segundos, y permanecemos pegados, agradablemente pegados, mientras estudia el terreno para empezar a subir. Ninguno demostramos darnos cuenta.

Yo ya estoy a cien. La vinotera comienza a subir por la endeble escalera, que además de vieja, está mal asentada y no ofrece seguridad.

Evito dirigir la luz hacia arriba, si lo hago se lo veré todo, me parece muy descarado.

Alumbra, que no veo nada, me manda, y donde manda patrón… yo tan obediente.

La visión es de película, sueño de púber. Deseo subir y meter la cabeza por debajo de la tela, pero me da vergüenza.

Entonces me dice: sujétame por las piernas, pues tengo que hacer maravillas aquí con la jarra. La sujeto por los tobillos. Más arriba, dice, me voy a caer. La agarro por detrás de las rodillas. Por los muslos , hombre sube más que me tienes que coger la jarra…

Subo mas  escalones. Desde atrás la abarco con un brazo a la altura de los espléndidos muslos, quedando cerca de mi cara su perfecto y respingón trasero.

Siento deseo de tocarla, de manosearla, pero tenemos que bajar. La comprobación está hecha, y encima ha acertado a la primera, ¡qué mala suerte!

Según realizamos el trasiego, se repiten oscuras estrecheces y algunos esporádicos roces que ponen ambos cuerpos muy calientes a pesar de la temperatura fresca de la bodega.

Como un mirón ya descontrolado manejo la linterna con lascivia, y no solo alumbro el embudo, ya que ella, agachada, me ofrece una perspectiva de sus partes, que para mí, se deja mirar intencionadamente..

Subimos de nuevo a la superficie  con dos garrafones de cinco litros.

 Otra bofetada de calor.

¿Te gustan las rosquillas? Me pregunta ahora con cara amable.

Son típicas del pueblo.

Si me gustan mucho,  ¿A como son?

Bueno, antes tienes que probarlas, estas son caseras. Ven conmigo, que las tengo en el piso de arriba.

 

cemogo

LA CONSULTA.

 

 

Se prepara para visitar al veterinario:

 

Entusiasmado dice.

Bien precioso, ya es la hora, y procura portarte con educación ¿vale?

-Hola, buenos días. Vengo para vacunar a mi perro.

El veterinario estaba cansado y con ganas de terminar.

-Buenos días ¿Cómo se llama?

-Andrés, me llamo Andrés.

Lo mira de reojo.

-Usted no, su perro.

-¡Ah! Se llama perro.

-¿No tiene nombre?

-Ya se lo he dicho; se llama perro.

Mueve la cabeza pensando en el tipo que le tocó… para rematar el día.

-¿Cuántos años tiene?

-Cuarenta.

Empieza a sudar.

-Usted no, su perro.

Titubea- ¡vaya! Tiene dos, eso es, dos…

-¿Es la primera vez que se vacuna?

-¡Que va! Me pusieron un montón de ellas cuando era pequeño…

Gritando –A usted no, a su perro.

-¡Oh! No, sí, es la primera vez.

Se levanta bruscamente  fuera de si.

-Pasen a la sala y esperen.

-Gracias… Yo, o mi perro.

 

 

 

 

 

Bordex.

sexo sin amor

sexo sin amor

Sexo sin amor

Giró la cabeza y vio pasar al camarero con una bandeja llena de copas de vino tinto, alargó el brazo y cogió una de aquellas copas; miró a su alrededor y mantuvo aquella pose de tío interesante que también sabía hacer. Un sorbo largo y apurado puso fin al contenido de la copa, mientras el vino viajaba por su garganta.

Carlos, había acudido a aquella fiesta invitado por los amigos de su jefe, gente estirada y nuevos ricos de la zona más cara de Madrid. Pero comenzó a sentirse incomodo estando allí, agobiado por las conversaciones rutinarias de trabajo, estrechando manos de personas que alguna vez se había encontrado por los pasillos de la oficina.

Salió afuera y encendió un cigarrillo, un Malboro que guardaba en su camisa, de pié en el porche de la casa, mirando las luces que iluminaban el jardín, introdujo una de sus manos en el bolsillo derecho del pantalón Docker y encontró una moneda, una Libra, de su último viaje a Londres. Carlos la miró, la sostuvo en su mano y dijo:

   - Voy a lanzarla al aire, si sale cruz me largo de esta fiesta, tomo la M-30 y me pierdo con mi coche sin destino fijo, sin rumbo, hasta vaciar el depósito de mi BMW.

Lanzó la moneda y la dejó caer al suelo, se acercó manteniendo la verticalidad, miró la moneda y vio que había caído del lado de su cara, pero un pequeño golpe con la puntera del zapato, cambió el azar.

   - Salió cruz, dijo Carlos.

Y cogió su coche y se marchó sin despedirse de su jefe, ni de sus aburridos invitados. Aquel BMW, último modelo, regalo de su suegro, el día de la pedida de mano de su mujer, se convertiría en su Rocinante. A esas horas, la M-30, parecía un desierto, todo oscuridad, solo interrumpida por las luces de los pocos automóviles que se cruzaba.

Buscó en el dial de la radio  y abrió un poco la ventanilla y el aire le mantuvo despierto; ciento veinte kilómetros más adelante, las luces de neón de aquel club, de carretera, le provocaron el mismo efecto que provoca, en las moscas, las luces azuladas que cuelgan en las carnicerías de barrio. Aminoró la velocidad y haciendo el camicace giró en la intersección, lanzándose contra la entrada del club.

Un lugar oscuro, extraño, en medio de la nada, en una salida de la autopista, luces rojas y azules formaban en lo alto del tejado el nombre de Flamingo´s Club y recordó aquella canción de Joaquín Sabina, "Una canción para la Magdalena". Su mano se introdujo dentro del bolsillo del pantalón y encontró la moneda, una vez más.

   - Si sale cruz entro y busco a la Magdalena esa que canta el Sabina, se dijo Carlos.

No importó, porque otro puntapié corrigió, por segunda vez en la noche, al azar.

Una hora después de haber entrado y tomarse un gin tonic, estaba tumbado en una cama de muelles oxidados con la Magdalena. En realidad, ella le dijo que se llamaba Elena, una guapa y joven mulatita dominicana, de ojos color miel y labios de gominola.

Un buen revolcón, charquitos de sudor en sus ombligos, carne tibia, trepó con sus dedos por sus muslos hasta el sexo sin amor.

   - Las putas no besan, "mi amol". Le dijo Elena, cuando Carlos intento encontrar sus labios rojos, pero él respondió con una media sonrisa y se deslizó por su cuello hasta los duros pechos y su lengua aprendió otro idioma jugando con sus pezones. Saliva con sabor dulzón, pies jugando bajo las sabanas, agotaron todas las posturas del Kama Sutra.

Cuando volvió a tomar consciencia de si mismo estaba de vuelta apoyado en la barra junto al taburete donde había estado sentada Elena; desde allí, le había guiñado un ojo y después dos pisos más arriba, lujuria sin preguntas, profiláctico de fresa y copas de champagne.

Recogió su chaqueta y salió a la puerta del club, en su mano la moneda y en su boca su último cigarrillo de la noche.

   - Si sale cruz, mañana vuelvo! Y lanzó la moneda al aire.

Jorgexx

* Para este relato me inspiré en la canción de Revolver "Tu noche y la mía".

Doro...

 

Dorotea, se hallaba realizando las tareas domesticas canturreando a viva voz; (como no se podía oír debido a la pequeña sordera que padecía) voceaba  mas que cantaba. Mujer simple, ordenada y gran aficionada a los concursos televisivos; siempre esperaba con impaciencia el sonido del teléfono invitándola a participar en  esto, o aquello por lo que había optado.

 Estaba en el baño tiñéndose los cuatro pelos que aun le quedaban, cuando por fin el aparato dejó escapar la voz de la esperanza. Con media cabeza empapada por el tinte rubio ceniza, corrió por el largo pasillo jurando en voz baja lo inoportuno del momento.

-Diga, ¿Quién es?-

-Buenos días ¿Dorotea Iglesias?

-¿Cómo?-Aquí no es la azotea de la iglesia, joven.-

-No señora; pregunto por Dorotea ¿es usted?-

-Bueno… a mí me llaman Dora.

-Bien Dora ¿puede contestar a unas preguntas? (hablando alto)

-No hace falta que me grite, no estoy sorda.-

-Perdón ¿puede contestar por favor a una pregunta?-

-¿Qué junta?,  La junta ya fue la semana pasada, que por cierto, yo no estoy de acuerdo con el resultado de las votaciones, me pa…

_Escúcheme con atención (con los nervios a punto, el presentador trata de hacer la entrevista más difícil de su corta carrera). Quiero respuestas a mis preguntas ¿de acuerdo?-

-¿Como tengo que decirle que no estoy de acuerdo? ¿Subiendo la comunidad cinco euros más al mes? Soy pensionista y el sueldo no me llega ni para comer  chope, por eso no estoy conforme ¿queda claro? Y ahora déjeme porque me va a quedar el pelo de dos colores.

-¡Oiga, escuche! La llamo del concurso “Gane con su ficha” y…

-¡Picha la de su madre! ¿Habrase visto que desvergüenza? (Colgó de un golpe.)Ya no se puede fiar una de nadie. ¡Insultarme en mi propia casa! Este mundo está perdido.

Y continuó con la difícil tarea de dejar el pelo uniforme.

 

 

 

 

Bordex:

Un asco rico

 

Un asco rico

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 «Un asco rico»: definición del sabor de un limón por Nicolás (dos años)

Flor solía desplazarse en taxi pero, desde que los taxistas habían escogido ser peces de acuario para evitar el ataque de posibles depredadores, había cambiado de medio de locomoción. Odiaba cualquier barrera que se interpusiera  entre ella y los olores de verdad, esos que no tenían nada que ver con los ambientadores, ni con las velas de esencias nacidas del petróleo; le gustaba el olor a  humanidad  que definía con estas palabras: «un asco rico». Así que empezó a viajar en metro y, cuando aquella mañana entró en el vagón que la llevaría a su trabajo, lo hizo como quien se prepara para una inmersión en apnea… inspiró lo más que pudo y se zambulló; sabía que después de romper la barrera olfativa de todos los desodorantes, after shaves y demás perfumes detrás de los que se refugiaban todos aquellos congéneres suyos, llegaría a la esencia  misma de lo que hace que somos lo que somos, a la esencia misma de nuestros sentimientos. Llegado a este punto, convertida en un ser de profundidades abisales ya no podría contar con nada que no fuera su olfato.

Pero no le asustaba el reto, estando convencida, como lo estaba, de que las emociones huelen. Muchas veces, siendo pequeña, había jugado a definir los aromas y, mientras su amiga Merche los definía con colores, ella lo hacía con sentimientos; no era raro oír decir a Merche en el recreo:

—Huele a azul —a lo que Flor respondía,

—Vale, si tú lo dices… pero a mí me huele a tristeza.

No cabía ni un alfiler en el vagón a esas horas de la mañana y le fue algo difícil moverse a su antojo, siguiendo rastros de alegría, de esperanza, de frustración… sentimientos que además de impregnar sus pituitarias de aromas de lo más variado, pintaban muecas, apagaban miradas o dibujaban portes de conquistadores o de vencidos. De repente, una fragancia la retuvo y la llevó a colocarse junto a un hombre alto que parecía estar mirando un punto invisible por encima de un mar de cabezas. Con la disculpa de la falta de espacio, se pegó lo más que pudo al cuerpo del hombre de espaldas a ella y aspiró intensamente su aroma, que la atrapó de inmediato, llevándola muy lejos de aquel vagón, en una unión perfecta de dos cuerpos.

Pero, las puertas del vagón se abrían ya de par en par, dejando escapar aquel torrente de fragancias hacia otros mundos y Flor, muy a su pesar, tuvo que dar por interruptus aquel orgasmo olfativo.

 

 

El aroma...

El aroma...

EL AROMA DE TU OLOR.

 

 

Quise alcanzar tu silueta

que, entre la niebla se perdía,

alejándote de mí

hacia una vida vacía.

 

La fragancia de tu olor

invadía mis sentidos,

alada como el viento

seguía tu mismo ritmo.

 

No puedo tenerte,

no puedo verte,

pero impregnas con tu olor

el interior de mi mente.

 

 

Olor, olor…

Sigo tu rastro sin rumbo.

Acaricias mi cuerpo

cuando este está desnudo

 

No hay palabras que expresen

el influjo de tu aroma,

llenando tanto mi alma,

que hasta las palabras sobran.

 

 

 

 

Bordex.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jueves cine

 

 

 

Lascia ch´ io pianga

 

    Hans se había quitado los zapatos y tenía ambas manos, con los dedos extendidos, sobre los reposa-brazos que atrapaba con fruición. Cuando Farinelli ejecutó una de sus arias favoritas: “…sont qual nave ch´agitata…”, notó intensas vibraciones que penetraban por las finas yemas de sus dedos, y de allí se repartían armoniosas por todas y cada una de las células de su cuerpo, que también vibraban. Incluso se oía a sí mismo tararearla – tan, tan, tan, tan, tan, tan, taantannnn -. Su pierna, que al principio tocaba la de su compañero, se fue separando a medida que su percepción se iba individualizando.

    Se le había puesto “la piel de gallina”. Su espalda se arqueó ligeramente, como cuando, de bebé, su madre le cogía en su regazo. Su gesto era un dibujo perfecto de felicidad plena. Yno se dejaba distraer por los innumerables olores que le rodeaban: necesitaba concentrarse sobretodo en el tacto.

    Cuando cesaba la música, los reposa-brazos se mantenían en casi absoluta quietud. Aunque no del todo. Esa ínfima vibración le bastaba para saber que eran momentos de diálogo. Pero su corazón aún bombeaba la tensión de la ópera…¡Cómo lo saboreaba!

    Su acompañante le dio unos levísimos golpecillos en el antebrazo, señal de que la película había terminado, aunque él ya había notado una lejana ¿claridad? Se levantó y apoyó su mano con suavidad sobre el hombro de su guía que observó que la emoción, acuosa, se asomaba aún a los ojos de Hans. Cogió la palma de su mano y tecleó: “¿qué tal?”.  - Lascia ch´ io pianga – respondió Hans con dedos ligeros.

    Para este, la película aún continuaría un buen rato, primero durante el paseo que realizarían en completo silencio exterior, porque su profundo interior aún tenía mucho que digerir. Luego, durante la cena, apenas probaría bocado impaciente por acostarse y vibrar de nuevo sobre la almohada…y soñar. Sueños ricamente nutridos de su aguda percepción táctil.

    Cuando morimos, el oído es el último sentido que perdemos, el 1º es la vista. Así pues, Hans carecía del 1º y del último, pero no se sentía de ningún modo castrato porque los intermedios habitaban en él en demasía.

 

Bicha

 

(Aquel jueves, Hans había ido a ver “Farinelli Il Castrato”)

Mala pata

Nos encontrábamos mi hermano y yo frente al tlevisor, estaban dando un reportaje sobre las olimpiadas, se veía com entrenaban y co competían, penseé que me vendría bien hacer algo de ejercicio, así que decidí que por la mañana saldría a correr, pues es muy sano y recomendable, decidí poner el despertador a las 08: 00 A. M.

A la mañana siguiente, cuando me despertó la alarma, me puse el chandal, me tomé un vaso de leche y una manzana, no quise tomar mucho para desayunar.

Me até los cordones y llamé al perro, pues tenía que dar su paseo matutino, es un foxterrier, muy atlético, al contrario que su amo, se llama Toby, es muy cariñoso y juguetón, la familia está encantado con él, desde que mi madre lo encontró abandonado en una gasolinera, al principio no le hizo mucha gracia a m padre, pero enseguida le cogió cariño.

Pues bien, le puse la correa y ya casi en el parque, Toby vió a una perra y fué directamente para montarla, la perra tenía una ama, una señora mayor más arrugada que una pasa, pues la mala suerte se apoderó de mí, el perro al tirar con fuerza de la correa, hizo que perdiera el equilibrio y me caí, la caída no sólo me hizo daño, además me retorcí el pié y en cima la señora me dió con la cachaba en toda la cabeza, gritando que era un gamberro y que tenía que castrar a mi perro pecador.

Resultado, un chinchón y un esquince en el tobillo, por el momento así concluye mi aventura del deporte.

Por: Alex. (Altezax)

SENTIDOS SENTIMIENTOS

“No te sientas viva o vivo, por el hecho de sentir que respiras,

sino, por no haber perdido la capacidad de sentir e ilusionarte.”

                                                                     Sandex

 

 

SENTIDOS SENTIMIENTOS

 

¿Tiene a caso color el alma?

¿Qué sabor tiene el amor?

¿Cómo puede oler la pena?

¿Cómo es el tacto del aire?

¿A qué te suena el dolor?

el amor que el aire se lleva,

crea una desilusión que,

da al alma dolor y pena.

Y ni el color, el sabor,  el oído,

el tacto, ni aún el sonido,

son  suficientes sentidos

que le den explicación.

Tal vez el sexto factor.

Ese que es "sexto sentido"

pueda dar explicación.

Más… Sabed, que es sentimiento.

Otra cosa es ilusión

 

 

 

                                                       Sandex, 2 de Febrero de 2010

De aromas...

 

 

 

  De aromas estivales

  y otros hallazgos fortuitos

 

    Las reuniones de El Cortijo me parecían bastante peculiares. Estaba aquel grupo variopinto que hablaba de cosas que yo no alcanzaba a comprender. También estaba aquel aroma…

    Hacía mucho que paseábamos por los mismos lugares: la playa, las dunas, el parque de La Deva. Hacía mucho que su olor se me cruzaba por las calles de Salinas: en las tiendas, en los bares…en El Cortijo. Pero nunca nos habíamos visto.

    Nuestras miradas se cruzaron por primera vez aquel día en que su Tere y mi David, felizmente, coincidieron en una de esas cautivadoras reuniones a las que desde entonces soy tan aficionado.

    Y, por fin, le puse forma a aquel olor que tanto me turbaba. Su portadora se llama Tola y es una cánida preciosa.

    Toby.

 

  To Silbatox

  La Vox (ahora Bisha)

Arbol y tendal

Arbol y tendal

Era todo más sencillo, más, como decirlo… inocente.

Cierro los ojos y como ayer veo aquellas imágenes de la infancia con claridad. Son recuerdos grabados en el corazón.

Por aquel entonces, mis padres, trabajaban los dos muy duro para afrontar el día a día de nuestra familia. Aquellas tardes en que mi madre me dejaba en casa de la vecina eran para mí una válvula de escape, como adentrarse en un mundo dónde sabía que me colmarían de atenciones. La vecina le hacía un favor a mi madre, el favor de cuidarme y a mí me regalaba aquellas tardes de julio donde podía estar todo el tiempo tumbado en la hierba del jardín.

Y esas cosas, esos olores y sensaciones se graban en el inconsciente. Allí tumbado, disfrutando de mis comics de “Los 4 fantásticos”, aquel bocadillo de “Nocilla” y el olor a ropa recién tendida en el tendal.

Y justo a esa hora antes de caer el sol, aparecía la hija de la vecina, con su uniforme de colegio privado, con aquella falda con cuadros escoceses que le quedaba tan bien.

Ahora lo recuerdo mejor, recuerdo cuándo nos perdíamos entre las nubes blancas de hilo que formaban las sabanas tendidas; banderas blancas ondeando en nuestro reino infantil. Ella Ginebra, yo Arturo.

Nos encantaba correr entre las sabanas, aún más escondernos entre ellas. Y fue justo allí donde me abrazó, abrazos con olor a Vernel.

Está bien, no teníamos casita del árbol, pero teníamos nubes de hilo, un árbol donde dibujé un corazón (tú y yo), tardes de julio, horas infinitas y nuestra inocencia.

Jorgexx

* Para este relato busqué la inspiración escuchando la canción "Younger" de La Habitación Roja de su disco "Universal"

* A petición de Encarna, que me pidió que colgara este texto en el blog.

 

 

QUIMERA

 

Ahora desearía,                                       

recortar mi mente,                               

sin  pasado                                       

contaminante,                                    

centrarla solo                                       

en el presente,                                     

sin futuro

antioxidante,

gozar, sin más,

de este

 irrepetible instante

 

mogox

 

Carnaval

Carnaval

En medio de la vorágine de disfraces, se  reconocieron en cuanto se vieron. Pertenecían a la misma estirpe. Ella vestida de vampiresa con su traje rojo fuego y  los labios encarnados. Él impecable con su  esmoquin, pajarita negra y una larga capa que arrastraba por el suelo. Cuando se vieron en sus pupilas verdes  sonrieron.

 

Sin decirse nada danzaron uno junto a otro, en un baile hipnótico.

 

Todo desapareció a su alrededor.

 

Al fin  salieron  por la puerta  cogidos  por el talle.

Riendo a carcajadas rompieron  todos los espejos en  los que  no se reflejaron. Quemaron todas las cruces de la ciudad y luego, al llegar el amanecer, se dejaron alcanzar por los rayos del sol y, ardiendo en una llama azul, se convirtieron juntos en polvo.

 

Un polvo eterno, interminable,  que no tardó en dispersar la brisa de la mañana.

Fonx

EL REGRESO

 

 

 

El sol despierta y su luz

Golpea  y brilla

Sobre la hierba fresca

De la pradera

Mis ojos buscan

La casa y el patio

La cerca y el pozo

Pero  nada ven

 

Mis oídos están sordos

No escuchan los alegres ladridos

De mi perro

Ni la voz tierna de mi madre

Llamando para el almuerzo.

Ni  el silbido en el aire

Del hacha de mi padre

 

Mis manos buscan

Y no encuentran

La s tuyas

Mis labios están sellados

El dolor de tu ausencia

Late en el fondo del alma.

 

Han pasado cinco años

Dicen: La paz ha llegado de nuevo

Pero a mí  sólo me espera

Un prado verde al sol

Unas piedras ennegracidas

Y algún resto de ropa

Que el viento parece acariciar.

 

 

 

                                     MEX

Oscuridad.

Oscuridad.

Oscuridad.

 

 

 

Alma que vagas…

Por el camino dejas

amargo dolor.

 

 

 

Brisa que hielas

cubriendo la capa

de la tortura.

 

 

La niebla baja,

envolviendo las sombras,

alejándolas.

 

 

 

Árbol longevo,

albergas en tus senos

tantos secretos…

 

 

 

 

Líneas vitales,

agonizan discretas,

sin saber luchar.

 

 

 

 

 

Desnudo estás,

siembras tus recuerdos 

que germinaran

 

 

 

Bordex.

 

Las espinas...

Las espinas...

Las espinas de la sonrisa.

 

Se despertó sudando, sudor frío y desagradable…

No tengo ninguna razón para levantarme. Me gustaría dormir eternamente y sentir flotar mí cuerpo, tan pesado, tan dolorido y, por una vez, sólo una vez más, ser ágil como una pluma cual viento eleva, transportándola suavemente al infinito. La sensación de vivir todas las emociones que el tiempo poco a poco y con tanta premura, sin pudor, sin darme tregua, se fue llevando dejándome languideciendo.

Como a la juventud, a la rosa se le otorga esa belleza única que todos admiran; pero tampoco a ella se le perdona, y sus pétalos aterciopelados, suaves… se van desprendiendo de su cuerpo hasta dejarla desnuda. Ya no interesa, no es bella, ya no queda bien en un jarrón, ya nadie la admira…

Entonces muere.

 

 

Bordex.

AQUÍ O ALLÁ

Sentado, con los ojos entrecerrados por el potente resplandor del sol, apoyo la espalda en el poste del improvisado tendedero, mientras huelo el mar. Que relajante resulta la brisa templada.

El sonido de las telas al viento me recuerda las velas de los barcos.

Un barco llevo esperando años, alguien que me rescate de esta isla desierta a la que llegué como náufrago.

Al principio lo intenté con señales de humo y fuego siempre que el horizonte me ofrecía la silueta de algún mercante.

Eso solo funciona en las películas, concluí.

He decidido colgar la ropa aquí, al borde de la planicie verde, que se descuelga sobre el mar. Este par de sábanas , un día blancas, que ese monstruo quiso  devolverme después de hundir mi velero

Tal vez un poco lejos de la vieja casucha, capital de la isla, de constructor desconocido y la cual habito casi todas las noches.

Pero creo que si tiendo aquí puede resultar una buena señal, un buen reclamo para cualquiera que pase navegando cerca.

Cada día traslado mis trapos del camastro a la cuerda, y al anochecer, de vuelta al camastro

Ahora la brisa es  más fuerte. Las telas se revuelven violentamente, parece que van a salir volando, y su desenfrenado baile es acompañado por sonidos similares a los producidos por un motor

A mí también me está inquietando un poco, y crece mi deseo de ser rescatado.

Sin abrir los ojos, vuelve el pensamiento de reunir todos esos residuos plásticos, todos esos recipientes que cubren la playa. Con sus tapones bien puestos y bien amarrados entre sí tal vez pueda por lo menos flotar a la deriva sobre el montón  y salir de aquí.

 La ropa continua con su airada danza, y ahora se diría que me hablan.

Las velas, el mar, la brisa, las aves…

Papá, papá, que vayas al coche a por la tortilla, que si vas a dormir toda la tarde, y que coloques bien el toldo que se lo va a llevar el aire

 

 

mogox