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Taller Literario de Salinas

LA FRASE SEMANAL

LA FRASE SEMANAL

¡Cuantas veces te he escuchado las mismas palabras...!

Que ser estatua está masificado y en decadencia  

que si no se conocían hasta que sus miradas se cruzaron

que si Marina era una hormiga independiente

que de la casa de la calle Aribau no te llevaste nada...

 

A saber... cada día estoy más confundida sobre quién eres y si lo que

buscas es un lugar tranquilo para morir

o tan sólo poder ir a las peculiares reuniones estivales del Cortijo

 

De lo único que estoy segura es de que antes que el hombre fue el paisaje

que ya amanece y encima ¡llueve!

-¡Qué pesado! parecía que no acabaría nunca, pero sólo duró unos minutos

¡menos mal!

       12/09/08                                           Distrax

 

EL MALDITO BOCADILLO(Con pocas palabras pero)

EL MALDITO BOCADILLO(Con pocas palabras pero)

Con pocas palabras pero...  con muchos aspavientos fue como mi padre me hizo entender que no había sido una buena idea tirar por la ventana el bocadillo ese, de mortadela con aceitunas que tanto odiaba... y me hizo bajar a la calle a recogerlo (al menos no me lo tuve que comer, sólo echarlo a la papelera). A partir de entonces, cambié la táctica y lo escondía por todos los rincones de la casa. 

                                                     SAM

AMANECE

AMANECE

Había llegado al taller de lectura, cuando Jane me dio la noticia… habían asesinado a Susan esa misma noche.

Comenzaron a llegar los demás cuando el profesor entró con gesto sombrío. Ya no era el mismo Peter alegre y bromista de siempre y a pesar de la situación se nos hizo extraño verle tan preocupado.

Nos contó como habían encontrado a Susan muerta en su casa… el cinturón de su albornoz todavía alrededor de su cuello, los ojos desorbitados y la lengua caída hacia un lado.

No entendíamos la razón por la que Peter se encontraba tan sumido en sus pensamientos; Susan no daba muestras de tener problemas, era una chica alegre y extrovertida y si había sido un asesinato, nada podíamos hacer nosotros. Sin embargo, seguíamos con nuestras cavilaciones y dábamos nuestra opinión cuando Peter se dejó caer en su silla.

--¡No lo entendéis! exclamó, y nos contó entonces como le había dejado a Susan ojear el libro que estaba escribiendo; en el hablaba de varios tipos de homicidios, cada uno cometido por distintas personas. Ahora sí entendíamos su congoja, y le pedimos que nos dejase leer su libro... luego, opinaríamos.

Pasaron los días. A mí me había tocado leerlo en último lugar; tenía que ausentarme un par de meses, lo haría a mi vuelta.  Cuando regresé, noté la falta de gente en el taller de lectura; ante mi pregunta de donde estaba la gente Peter palideció: uno tras otro habían aparecido muertos después de leer el libro… a cada uno de ellos le habían matado de una forma distinta, según las técnicas recogidas en el libro. No lo podía creer, ¿por qué habían sido escogidos, ellos, gente normal y sin problemas aparentes, como víctimas para tales crímenes? 

Cogí el libro “Amanece”. Me enganchó desde el principio, era psicótico, extraño, extremista… tuve que reconocer lo bueno que era. Contaba con increíbles detalles y no faltaba nada que luego no se hallase en la escena del crimen.

Pasé toda la noche leyendo, quería darle a Peter mi opinión a la mañana siguiente, pero éste no apareció, ni esta, ni ninguna otra mañana. Le encontraron muerto en su coche; había tomado una dosis de cianuro. Una copia del libro “Amanece” permanecía en el asiento del copiloto, pero en este ejemplar había un capitulo más, un nuevo asesinato que no aparecía en el libro que yo tenía. Sentí como mis manos sudaban… según lo que había pasado ahora me tocaría a mí… pero…  ¿Quién había escrito este último capítulo? Pronto lo sabría.                                    VERO

AMANECE

AMANECE

 

 

El ocaso

Difuminó el ayer.

Y la noche

Cercó nuestra ventana

Con negras sombras.

Más ya amanece.

Las luces de neón

Se apagan

Con el último sonido de jazz.

En el lejano cielo

Palidecen las estrellas.

 Malva y dorada, la claridad

Avanza

Y en la hermosa mañana

El cantar de la alondra

Nos  recuerda las notas

De una canción perdida.

 

 

MEG

EL CIEGO (amanece)

Amanece. Sólo lleva unos minutos despierto pero ya lo sabe con certeza. Se lo dice el mirlo del tilo junto a la ventana.

Amanece. Se lo ruge el primer avión de la mañana que despega, pesado, como quien corre con la tripa llena; hoy se le oye más—sopla  viento del oeste –piensa el hombre.

Amanece. Se lo susurra el cuerpo de ella buscando el suyo; libre ya de las cremas con las que se embadurna, es ahora como un regalo por fin desenvuelto.

Amanece. Se lo afirma su sexo, siempre de buen humor a esas horas de la mañana.

El hombre se levanta; al pie de la cama sus zapatillas aguardan como dos centinelas. Abre las cortinas, las persianas; a ella le gusta dormir sin un resquicio de luz… él no sabe si le gusta o no. Abre la ventana.

Amanece. Se lo grita el aire fresco de la mañana.

Ahora están los dos, desnudos frente al nuevo día. El hombre la rodea con sus brazos por detrás, y lee en braille aquel cuerpo que se sabe de memoria. Apoya la barbilla en su  cabeza… lleva  el pelo corto y unos mechones rebeldes juegan a hacerle cosquillas. Entonces la ama, mientras los ojos de ella le cuentan el amanecer.                                                                Dominique

 

     

No amanece.

No amanece.

 

Nubes.

 

 

 

 

 

 

 

Nubes negras

impidiendo paso

al amanecer…

Otra alborada...(amanece)

 

 

Otra alborada para Yak y Gualter

 

-Venga Gualter, tomemos unas copas - animó Jesús.

-¡Camarera!- señaló con el índice los vasos de plástico que tenían sobre la mesa portátil.

Brindaron, como si fuera el mejor Rioja, a su salud.

- Oye, Yak, ¿yo he dormido en este hotel?- preguntó Faustino confuso.

- ¿Por qué lo dices?- inquirió receloso Jesús.

- Chico, pareces gallego, porque aún llevo puesto el pijama -.

- Anda y yo, brindemos por eso, que las camareras son un rato guapas y simpáticas.

- Os voy a dar yo brindis, gamberros- dijo la A.T.S.

Se miraron entre cómplices risotadas.

Y es que allí la razón, y quién sabe si el sufrimiento, se ahogaba en sonoras carcajadas.

- Han estado cantando hasta el amanecer -

- ¡¡Amanece, que no es poco!! – dijo Jesús llorando de risa.

 

Voks

Tristeza.

… Amanece y, mis ojos siguen sin poder cerrarse. Hace tiempo que el sueño se alejó de mi penosa vida, sin darme un minuto de sosiego, ni calma.

Siento como su melancólica voz aun quiebra todos mis sentidos… ¡No me dejes aquí, por favor, mamá! Pero yo, intransigente, dura, tal como me habían educado mis padres, ahora ejercía la misma autoridad con mi hija y, desoyendo sus súplicas, la encerré en aquel colegio… ¿por su bien? ¿Por mi comodidad? Nunca quise contestar a esta pregunta incomoda, por temor a una respuesta mas incomoda aun.

Y desde aquella llamada… aquella terrible llamada, aquella noticia espantosa… sin comprender nada de la voz agitada y nerviosa del otro lado, tratando de decirme algo sobre mi hija. -¡Venga de inmediato, su hija ha sufrido un accidente! Pero no se preocupe, todo saldrá bien.

¡Todo saldrá bien!...  Desde luego así fue. Había bebido una botella de algo tóxico y no había muerto, pero las secuelas jamás se borraran de su interior, deteriorado para el resto de su vida por aquel líquido mortal. Ella, vivirá limitada; yo no viviré y el sueño placido, sereno, nunca volveré a recuperarlo.

 

Bor

Libertad (amanece)

Libertad.

 

Amanece… sobre los campos

cubiertos de escarcha.

Miríadas de estrellas

desfilan para ocultarse.

 

La naturaleza fluye

agresiva y serena,

como los recuerdos…

como las penas.

 

Quien fuera ave,

para dejar en el aire

los pensamientos,

y ser libre…

 

Bordex.

LA CONCIENCIA (Amanece)

LA CONCIENCIA (Amanece)

Amanece. Me levanto, pues esta noche -como todas las demás desde aquel día- se me ha hecho demasiado larga, ahora, con las primeras luces del día, el miedo se disipa junto a las sombras de esta fría celda.

Las mañanas me sientan bien: el ruido de los demás presos, el tintineo de las cucharas sobre los tazones del desayuno, alguna risotada, las clases ...luego,  tras la comida, un poco de ejercicio, un rato encuadernando, la televisión, una partida de tute con los “apañaos”... hacen que me abstraiga de mis pensamientos. La tarde, aunque larga, no deja de ser entretenida.

Luego, al llegar el crepúsculo, me asalta una inquietud que, al apagar las luces y quedar todo en silencio se transforma en miedo, éste, vuelve a apoderarse de mi ser y de mis huesos para  entumecerlos de nuevo, en esta condena íntima de la que nadie tiene la llave para abrir la cárcel que la envuelve.

 

 DISTRAX

El des-orden de las cosas (llueve)

El des-orden de las cosas

 

-“En Castilla llueve de abajo arriba”- dijo mi abuelo.

Confundida, interpreté aquellas palabras a mi manera. Me gustaba pensar que en aquel cosmos todo funcionaba deliciosamente al revés: mi padre no madrugaba, yo no tenía que ir al colegio, el cielo no era gris, ni abrupto el paisaje…

Eran sólo lapsos vacacionales.

Cuando volvimos a casa comprobé lo que me temía: aquí llovía de arriba abajo.

Poco después descubrí que la frase no era de mi abuelo.

 

La Vox

 

A LA ORILLA DEL OTOÑO (llueve)

A LA ORILLA DEL OTOÑO (llueve)

      

 

Llueve. Dibuja correlimos,

con tus patitas de alambre,

ese camino de estrellas

ahí donde la ola muere.  

  

LLUEVE

LLUEVE

 

 

 

Llueve, llueve

Tac, tac, tac

El agua tiene

Un ritmo lento

 

Brillan las calles húmedas

Bajo la luz difusa y gris

En este septiembre

Cuando sólo los niños

Estrenan libros, amigos y sonrisas

 

Mientras, nosotros

Apenas podemos percibir

La serenidad

De la penumbra incierta del otoño

Ni el ritmo tenue, apacible y tranquilo

De una tarde de lluvia

PARÍS

PARÍS

 

 

 

Llueve, llueve sobre París. El otoño ha llegado silencioso y  el paisaje me recuerda las hermosas fotografías en blanco y negro que vendían hace mucho tiempo en los viejos puestos de las orillas del Sena.

El agua cae mansamente sobre la ciudad aún dormida. Hemos llegado casi de madrugada y, apenas dejamos las maletas, salimos a la calle que empieza a despertar y a llenarse con el aroma del pan recién hecho, de los croissants y del café caliente. Isabel quiere pasear junto al río,  cruzar los puentes, llegar Notre Dame, al Louvre… Tiene prisa, mucha prisa. Es como si quisiera contemplar todo a la vez, abrazar la ciudad hasta identificarse con ella. Nos detenemos a desayunar en un pequeño café donde el tiempo se ha detenido y nos sirve un camarero amable, silencioso y eficaz.

Después de recuperarnos, salimos de nuevo y nos dirigimos a Ile de la Cité. Consigo que crucemos tranquilas el puente sobre el Sena, contemplando el discurrir de las aguas del río, las barcas donde más tarde los turistas intentarán contemplar  de forma diferente la ciudad. Un acordeón suena a lo lejos y nos trae canciones de “la rive gauche”.

Al llegar a la plaza donde se levanta Notre Dame, nos impresiona la blanca fachada de la catedral y, sobre todo, las  esculturas de mármol llenas de la eterna serenidad el gótico. Llenan las arquivoltas de las portadas  y suben hasta  el Pórtico Real. Más allá las torres se pierden en el cielo.

Isabel se detiene y mira lentamente cada una de las puertas, de las imágenes, el rosetón. Se vuelve  y alza la mano haciendo la señal de la victoria, mientras me dice: “Mi sueño se ha cumplido”. Yo sonrío. El cáncer y las duras sesiones de quimio han quedado atrás. Apenas queda el miedo.

Ha dejado de llover. Por encima de la catedral se abre un inmenso retazo de azul, matizado por algunas pinceladas carmesí.

 

 

MEG

HUMEDAD (llueve)

HUMEDAD (llueve)

Llueve

todo está mojado, las calles

los tejados

mis pies

 

Llueve

caen gotas

escapándose de las nubes

en sus ratos de libertad

 

dejo que mojen mi cara

todo mi cuerpo

y hasta

mi interior

 

miro hacia arriba

mientras ellas

asombradas

se cruzan con mis lágrimas

 

lloran

allá arriba

lloran

igual que aquí

 

Llueve

y mis lágrimas

humedecen

las gotas de lluvia.

 

                                                 María

Llueve que es una barbaridad. Precisamente en el momento más inoportuno con mis pelos de peluquería, tan bien que me lo han dejado, no como otras veces, que parezco un gato cuando ve a un perro. ¡Que hago! Pues nada, esperaré a ver si veo un taxi y a casa. Cara peluquería. ¡Taxi, taxi! Menos mal, por fin encuentro uno; ya abro yo, no se preocupe, ¡madre, que es esto! Toda la lluvia que estaba en el techo del coche, empapó su linda cabellera. 

                                                            S-X.

INOCENCIA SALPICADA (llueve)

INOCENCIA SALPICADA (llueve)

 

Llueve.

La lluvia mojaba su linda cara y no parecía molestarle. Caminaba con una gracia especial, ora daba unos pasos ora se paraba y miraba hacia arriba, lo cual, hacía que las gotas de lluvia le resbalaran por su rostro impidiéndole ver, aquello que quisiera mirar, o quizás sólo era eso lo que deseaba, dejarse mojar por ella, sentir su frescura.

Él la observaba desde su altar sin apenas pestañear, ella ajena a todo, dejaba a sus pies jugar con los charcos recién formados.

El cuerpo flácido y grasiento de aquel hombre, se erizó de pronto produciéndole un terrible e inaguantable dolor de cabeza, y supo, que ya nada podría cambiar los acontecimientos.

 

 

                                               DISTRAX 

La vida (llueve)

La vida (llueve)

Flor en su tumba.

 

Llueve fuerte sobre su tumba,

arrasando todo a su paso.

Siento escalofríos.

¿Dónde está?

Se aleja en el mar.

Pero en su lugar…

Queda la vida.                      Bordex.

 

Encerrada (llueve)

Encerrada (llueve)

Encerrada.

 

Llueve tras las rejas de mi celda, donde la furia del agua descarga toda su ira sobre el pequeño cristal, ocultando el paisaje imaginario de mi mente. Aun recuerdo sus frías gotas caer sobre mi cara, cuando podía recorrer las calles disfrutando de una libertad  desenfrenada y maravillosa. Tardaré mucho en volver a tener sensaciones de frescor.

¿Cómo?- ¿Qué por qué estoy aquí?-He asesinado a un hombre; eso es lo que dicen los dueños de la justicia y por ese crimen, no sentiré nunca más las caricias del sol, ni la lluvia empapando mi pelo.

-No, claro que soy inocente. Un mal abogado, unas pruebas falsas… vete a saber. Pero apelaré al supremo, haré todo cuanto este a mi alcance para demostrar mi inocencia. Es dura la batalla, pero lo conseguiré.  (Pasó el  tiempo)

-Llegó el momento de la verdad. Deséame suerte compañera. Sabrás de mí.

-Lo sabía, sabía que podía convencer a un jurado estupido. La primera vez fueron listos, pero hoy gané la lucha actuando como nunca jamás lo había hecho antes. Já.

 

Bordex.

 

 

 

El puñal

El puñal

“Antes que el hombre fue el paisaje” así se titulaba la nueva obra que Izan MacGrover iba a exponer; una pintura, por todos dicha, como la mejor de su colección de autorretratos. Sus cuadros presumían de tener un toque misterioso y, al visitar el museo en compañía de mi tía Iris, ella me dijo:

--Nadie sabe realmente ver el alma de sus pinturas.

Mi tía, excepcional experta de las ciencias ocultas, estaba cada vez más convencida de que algo que no se podía explicar surgía entorno a Izan, algo oscuro…

Yo, como siempre me burlaba de sus conclusiones, no demostrando así que la mayoría de las veces tenía razón en lo que a su sexto sentido se refería.

El cuadro, un tanto excéntrico, enseñaba un paisaje primaveral que rodeaba una casa señorial con un florido jardín. Luego, en el centro del lienzo, un hombre apoyado en la puerta observaba una mesa que, colocada en aquel jardín parecía preparada para el té. Pero había algo que no concordaba con todo lo anterior dicho: posado sobre una servilleta de tela bordada se encontraba un puñal con mango de nácar blanco.

--¡Curioso el detalle del puñal!¿qué crees que significa tía? pregunté yo.

Un rictus de horror se dibujó en la cara de mi tía.

--¡Tía! ¿te encuentras bien?

--Eh… ah… sí, sí, sólo ha sido una extraña sensación.

Nos dirigimos a la salida, se hacía tarde y al día siguiente sería otro día.

Me desperté temprano. Al abrir el periódico a la hora del desayuno allí, en primera página lo vi, con grandes titulares: anunciaban la muerte de Izar MacGrover, había sido encontrado muerto con un puñal clavado en el corazón; un puñal con mango de nácar blanco.

Asustada, le tendí el periódico a mi tía.

Avisé a mi oficina que me tomaría el día libre; arrastrándome hasta el museo mi tía se dirigió directamente al cuadro expuesto por Izan.

Estupefactas, no podíamos creer lo que veíamos… ¡ahora sí que estaba asustada!

El cuadro no había cambiado apenas, excepto en una cosa: el puñal (de mango de nácar) ya no se encontraba en la mesa; había desaparecido…  

                                                                                                       Vero