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Taller Literario de Salinas

El viejo y la plaza

Qué soledad la de esta plaza, pensaba el viejo sentado en el poyete de piedra a la sombra del árbol centenario. Ya no quedaba nadie. Ninguno de los que se sentaban con él allí a ver pasar los días. Paco, Antonio, Manuel… todos se habían ido muriendo poco a poco. Ni siquiera su fiel Moro, que se había muerto hacía dos años,  una tarde de otoño, allí, echado a sus pies. Cuando lo llamó para marcharse a casa lo había mirado con ojos tristes y dulces. Luego los cerró y no volvió a abrirlos más. Era ya muy viejo y se había cansado de vivir. Como él.

                El viejo sabía que se moría. Ya no le quedaba mucho tiempo. Su cabeza estaba llena de recuerdos, recuerdos que eran como fotografías que tomaban vida y eso, le decía su madre, pasaba siempre antes de que una persona se muriera.

                Miró a su alrededor y se dio cuenta de que después de tantos años, en la plazoleta casi no había cambiado nada. Ni siquiera el empedrado, testigo mudo de sus juegos de niño. Ni el banco de piedra a la sombra del árbol. El “árbol de la sombra” como lo llamaba su abuela y a cuyo cobijo él había pasado las tardes del primer verano de su vida. A su izquierda, bajo los soportales había un comercio de ropa, conocido  antiguamente como”Casa Consuelo”, tienda de hilos y encajes. Al lado la panadería y dos casas más allá el bar de Paco. A su derecha, el antiguo ayuntamiento, vieja casona de piedra con su enorme portón de hierro forjado y madera y su largo balcón corrido que asomaba a la plaza.  Pegada a la pared lateral del ayuntamiento estaba la calle que daba salida a la plaza. A su espalda, mas soportales y en los bajos, donde antes había una tienda de comestibles y una ferretería ya no quedaban sino locales vacíos y encima dos o tres casas habitadas. Al frente, la antigua  iglesia de piedra con el atrio porticado en el lateral y el banco de madera a lo largo de la pared del atrio.  

                Hacía muchos años que una tarde de verano habían venido los milicianos a aquella iglesia a buscar al cura, a Don Pedro. Nunca más había vuelto. Y él lo había visto todo, escondido detrás del árbol. Y también lo vieron los que estaban detrás de las ventanas entornadas. Unos meses más tarde, al amanecer de un invierno helado, vinieron otros hombres a buscar a su padre. Lo llevaron hasta la plaza donde había ya otros hombres del pueblo y los subieron a un camión que estaba allí aparcado. El, escondido detrás del árbol lo vio marchar traqueteando por la calle abajo y perderse entre la neblina azulada. También lo vieron los que estaban despiertos  y miraban por las rendijas de las celosías. Su padre, tampoco volvió. Su madre se vistió de color negro por dentro y por fuera y nunca más quiso volver con su silla de paja a sentarse a coser las tardes de verano a la sombra del árbol de la plaza.

                En aquella plazoleta había conocido a su esposa, Elisa. Eran las fiestas del pueblo y  hacía una hora que había empezado el baile. Ya era de noche, el aire olía a tomillo y el calor del sol de la tarde se desprendía aún de las losetas de piedra de la plaza. Elisa llevaba un vestido azul con flores blancas y su pelo castaño claro estaba recogido en un pequeño moño a la altura de la nuca. Le pareció tan menuda y tan frágil, allí, en medio de la plaza, rodeada de la gente. Cuando la sacó a bailar y pudo ver su rostro de cerca se enamoró para siempre de ella, de su timidez, de su piel trigueña, de sus ojos color miel y de sus mejillas moteadas de diminutas pecas. Nunca más se separaron hasta que Elisa se murió. Y sucedió como ella quiso que fuera porque siempre le decía que quería morirse antes que él. Veinte años hacía que se había muerto y a veces su recuerdo era tan nítido que le parecía que aún la tenía a su lado.

                Y a aquella plaza venían sus hijas a comprar los días de mercado, como en su momento también lo habían hecho su madre y su abuela. Cerró los ojos y le pareció que el aire de la tarde  se llenaba de los gritos de las vendedoras y de los olores de las mercaderías. Ahora ya no lo había, porque hacía unos años que se había desplazado al pueblo que era ahora la capital del concejo. Por el empedrado de aquella plazuela habían jugado y corrido sus hijos y ahora lo hacían sus nietos. Como antes, pensó el viejo, lo había hecho él y su padre y su abuelo…

                Toda su vida había girado en torno a aquella plaza. Allí habían tenido lugar los momentos más tristes de su existencia pero también los más felices. Por eso que hermoso sería para él morirse aquí, sentado en este poyete de piedra a la sombra del árbol, quedarse dormido para no despertar ya más, como su perro Moro.

                Por la calle del antiguo ayuntamiento ve venir a su nieto. Viene a buscarlo para llevarlo a casa. Es la hora de retirarse para cenar.

   ¡Abuelo! ¡Abuelo! Vámonos ya para casa que dice mamá que dentro de poco comenzará a oscurecer.  – le dice el nieto mientras juega con una pelota -

        El viejo sonríe y mira a su nieto con ojos tristes y dulces. Luego, cierra los ojos y no vuelve a abrirlos.

 

Xeres

 

 

PLAZA ANTIGUA

PLAZA ANTIGUA

 

 

 

Qué soledad la de la plaza antigua

En este tiempo en que el invierno llega

Los viejos y los niños se han marchado

Al calor del hogar o de la escuela.

Ya no cantan los pájaros entre las ramas secas.

Tampoco canta el agua en la fuente de piedra

Sobre su borde el hielo crea formas

Que brillan como antiguas gemas

La nieve cubre todo con su silencio blanco.

Un gorrión deja diminutas huellas.

¿Olvido? ¿Soledad?¿Sereno instante?

En la tarde invernal, la plaza sueña.

                                       MEX

Misterio.

Misterio.

 

 

No hace mucho, nos hacíamos eco de una desaparición misteriosa en la playa de las “Salas” donde una joven bañista desapareció sin dejar rastro (esa fue la noticia)  pero nuestra información ha dado un vuelco inesperado al comprobar por la policía, que esta persona muy bien caracterizada, consiguió camuflarse en el avión con destino a Paris el día dieciocho y que fue hallado en el mar cantábrico después de sufrir un aparatoso accidente. Afortunadamente, sin consecuencias mortales para los pasajeros.

Nuestra protagonista, ingresada en el hospital por diversas  heridas  (las más preocupantes en la cabeza) fue entrevistada por nuestros reporteros, ansiosos por conocer la extraña historia de esta mujer.

El desencanto llegó pronto al verificar el diagnóstico; “amnesia temporal”.

Allí estaba su marido esperando la recuperación de su querida esposa.

 

 

(Es la continuación de Buldox)

 

 

Bordex.

 

PLAZA DE ALTAMIRA

¡Qué soledad la de esta plaza!

Intimida su silencio

Apenas un murmullo

De sus árboles al viento

Que se balancean con timidez

Su obelisco imponente

Guarda secretos ocultos

De varias generaciones

Que por ahí pasaron

Plaza importante

En el este de la ciudad

Lugar de reunión

De políticos, estudiantes y vecinos

Van a debatir

Por una democracia mortecina

Al anochecer la abandonan

Y sola queda

¡Qué soledad la de esta plaza!

 

Malalax

Se fué...

Se fué...

SE FUÉ…

 

 

¡Que soledad la de esta plaza!  

¿Recuerdas?

Las risas

Las flores

Los besos a hurtadillas

Los coros de voces

La vida…

Todo era esplendor

En esta plaza.

 

Ahora solo desprende vacío

Inquietud

Temor…

Vino con fuerza

Todo se lo llevó

No quedando nada

De tanto amor.

 

 

 

BordeX.

 

!Soledad!, no me extraña

Soledad, no me extraña

(se oye la voz de un poeta)

 

¡Qué soledad la de esta plaza!

Qué tristeza se siente alrededor

Hasta el aire caliente parece decir algo

El sol reverbera algo triste y melancólico

El silencio se extiende por doquier

Las aves se esconden a la sombra

Los árboles colaboran con su quietud

El viento huye a otros sitios más alegres

A lo lejos se divisan nubarrones

Una tormenta se avecina…

¡Qué soledad la de esta plaza!

 

(otra voz en el público)

Joder, en Albacete a mediados de agosto

 a las dos de la tarde, en pleno verano

a más de cuarenta grados y

una tormenta que se avecina…

¿Qué tiene de extraño que la plaza esté sola?

Bulldox 2

chica desaparecida

Nueva España 15 de agosto de 2009

Una mujer joven desaparecida en la playa de Salinas, al final de la jornada de playa, sobre la arena se encontró su toalla, las gafas, las sandalias, su bolso y hasta el libro que leía y al cierre de esta edición no se conoce su paradero.

La guardia civil busca a sus familiares.

-       Por favor, ¿me da una copa de cava?, gracias

-       La veo muy alegre, ¿Qué estamos celebrando?

-       Si estoy feliz, y hoy es un día muy especial para mí: “Hoy es el primer día del resto de mi vida”

La azafata sonriendo se alejó sin entender muy bien a que me refería.

Sentada en el avión que me llevaba a Paris y disfrutando de mi primera hora de mi nueva identidad recordé lo ocurrido hoy viernes 14 de agosto de 2009 donde desaparecí de mi vida pasada.

Temprano me fui a la playa de Salinas y de acuerdo a mi plan me coloque a tomar el sol en la arena al lado del paseo de las anclas, cerca de una familia andaluza que se veía que pasarían todo el día en la playa, con tres chicos, las sillas, el aperitivo, la tortilla de patatas, los bocadillos, los refrescos, tenían todo lo necesario para un día de playa. Los saludé y hice que mi presencia cerca se notara. Lo mismo hice con el matrimonio asturiano de media edad que seguramente me recordaría, por lo menos el marido que me lanzaba miradas lascivas cada vez que me levantaba con ese bikini amarillo que me quedaba estupendo. Ese si se acordaría de esa rubia de cuerpo esbelto de bañador pequeñito que tomaba el sol a unos cinco metros echada en la arena.

Ya había cubierto la primera fase de mi plan, me había zambullido en el mar en dos oportunidades y cada vez volvía a secarme un poco, rociarme con mi protector solar y de nuevo al sol. Camine alegremente y me fui metiendo en el mar, saltando sobre las olas y de cabeza pase debajo de una ola grande que rompía hasta llegar a lo hondo en la zona sin olas y casi sin gente. Aproveche para darle vuelta al bikini, estos bañadores reversibles son una maravilla, pensé.  Mi traje amarillo se convirtió rápidamente en un bikini negro con un vivo amarillo. Fui nadando y poco a poco alejándome de mis vecinos andaluces y el viejo asturiano. Cuando ya calculaba unos cien metros de separación salí del agua lo mas naturalmente que pude y me alejé subiendo por las escaleras más cercanas al paseo marítimo. El chico de salvamento lo que vio salir fue una chica rubia de bañador negro.

Lo único que me llevaba de mi vida en España era ese bañador reversible. Comprado la semana pasada en la visita en la Coruña. Todas mis pertenencias se quedaban, unas en mi piso en el lugar acostumbrado, otras en la playa, mi toalla, mis gafas de sol, mis sandalias, el libro que leía, y mi bolso de playa que contenía todas mis pertenencias: mi cartera con dinero y mi DNI, reloj, pañuelos faciales, llaves del coche y de la casa, de todo lo que una chica de unos 30 años lleva en su bolso, incluidos el par de condones para una eventualidad, Tenía que ser muy cuidadosa en lo que hacía.  Estaba todo previsto. No llevaba nada encima, ni una pulsera, ni un pendiente, nada que pudiera ser reconocido.

Al llegar al coche, aparcado a unos 100 metros de la casa cuartel de la guardia civil, tome la segunda llave escondida en el parachoques, y dentro del coche me cambie con la ropa nueva que traía en la maleta, me puse una peluca de un color castaño oscuro y pedí un taxi con el móvil de Roberto, que se lo había escaqueado esta mañana, un momento antes de que el saliera a su supuesto viaje de negocios a Bilbao.

-       Por favor un taxi para ir al aeropuerto.

-       ¿Sabe dónde está el bar La Luna? aquí en el paseo de Salinas, pues lo espero enfrente, en la rotonda.

-       Perfecto, en 10 minutos.

Me fui caminando con mi maleta, tome el taxi y camino al aeropuerto repasé de nuevo los últimos detalles.

El móvil de Roberto tirado en el piso de mi coche, tendrás que explicar que hacia ahí. La copia de la llave del coche ya estaba en una alcantarilla que encontré por el camino. El bañador reversible en mi maleta guardado en una bolsa plástica. El pasaje comprado por Internet, a nombre de Elvira García Sánchez, mi amiga de la infancia que espero eche en falta la pérdida de su DNI el lunes o martes próximo cuando termine su fin de semana de reposo por la gripe A.

Ya en el aeropuerto, repasé mi nueva imagen en el baño de señoras, con esa peluca me parecía bastante a la foto de Elvira en su DNI, no habría ningún problema. Problemas los tendría el cabrón de Roberto cuando esta tarde los de salvamento alertados por la familia andaluza no encuentre a la rubia, dueña de lo dejado en la arena. El asturiano me describirá, los niños mencionaran que me vieron entrar al agua, el de salvamento no recordará ninguna chica en bikini amarillo, ya en la tarde la policía registrará mi bolso, encontrarán mi móvil, buscaran el coche, llamaran a mí casa y empezarán a buscar a mi marido.  Por supuesto no lo encontrarán en Bilbao donde su jefe dirá que ha ido. No lo podrán localizar en su móvil porque lo tendrá la policía, serás el principal sospechoso. Te encontrarán el lunes o martes en Santander con otra mujer, tu querida secretaria Maria Conchita, ¡que se pudran ambos!  Lástima, lo único que lamento es no poderle ver la cara a mi suegra cuando se entere, la maldita Doña Rosario, machista, beata, alcahueta de su hijo, al que siempre le perdona todo lo que hace. Ojala que todos los detalles salgan en la prensa. ¡Que revienten todos!

Menos tu prima Aura, que te odia y a la que le escribí ayer una carta contándole de tus infidelidades, de tus malos tratos, los golpes y amenazas de muerte que me habías dado, ella se encargará de joderte un buen tiempo. Espero que pases más de un mes inculpado y como posible sospechoso de la muerte o desaparición de tu mujer. Y que todas esas tribulaciones te impidan darte cuenta a tiempo que se deben las últimas tres cuotas de la hipoteca del piso, que me las llevo en dinero y en ropa nueva para mi nueva identidad en París donde llegaré en cosa de una hora.

¡Qué te pudras Roberto!

-       por favor señorita, ¿me da un poco mas de Cava?

Ultimas noticias: (14/8/2009):  Un avión de Air France cayó al mar en el golfo de Vizcaya. El vuelo AF-343 que salió de Asturias esta tarde a las 2:30 pm, con destino Paris esta desaparecido con sus 85 pasajeros y sus 7 tripulantes. Un pescador afirma haber visto una bola de fuego que caía al mar …

 Bulldox

Ma vale tarde que nunca (tú ya me entiendessss. je,je)

I-reflexiones de un pirómano poeta

 

¿Nadie me comprende?

¿Por qué decís que soy un delincuente?

¿Nadie es capaz de apreciar

el verso que llevo dentro?

¿Con el fuego no se juega?

Idiotas, ¿no lo veis?

¿La poesía?

¿La magia?

¡Cuanta belleza!

 

La Vox

AQUEL ÚLTIMO TRIMESTRE

 
Y... "con el fuego no se juega"  - es la última frase con la que vamos a trabajar este trimestre- dijo Doña Prudencia, la profesora de Filosofía de COU; nos miramos unos a otros de modo disimulado como diciendo " lo que nos espera" como así fue. Mientras, Doña Esperanza, la profesora de Religión, nos hablaba del infierno con su fuego y su demonio, y para mas inri, Don Narciso, el de Ciencias Naturales, nos explicaba el impacto en la Biosfera como consecuencia de los numerosos incendios forestales, y a Don Primitivo no se le ocurrió otro tema mejor para ese último trimestre de nuestra vida estudiantil, que " el Mesolítico" es decir: -cuando se descubre el fuego-
No sabíamos qué estaba sucediendo exactamente, si se habían puesto todos de acuerdo, si habían recibido una orden del ministerio sobre ese aspecto, o si era, simplemente, una casualidad. Esto último, nos parecía lo menos creíble. 
El caso, es que un buen día en la clase de Matemáticas, con Don Segundo, estando repasando las probabilidades con sus tablas de contingencia y los diagramas de árbol, de pronto, se oyen voces seguidas de pasos apresurados por el pasillo, suena la sirena, y al momento, el instituto se convirtió en un hervidero de hormigas desplazándose histéricas hacia todos lados. Había sucedido: de tanto nombrarlo, el fuego se sintió invocado, apareciendo triunfal de la mano de sus dioses: Amit, Vulcano Y Hefesto, vestidos con sus mejores galas y portando sus antorchas.
Nunca olvidaremos aquel último trimestre.
Distrax

 

Nicanor y Leontina

Y… con el fuego no se juega

pensaba Nicanor

el gaitero de Callezuela

mientras miraba a Leontina

que, arrodillada en una piedra

lavaba en el río

sus prendas más finas

Y… con el fuego no se juega

cavilaba Leontina

la pastora de la Peral

mientras de reojo vigilaba

la sombra de Nicanor

que, escondido tras una peña

quería ver más de lo que veía

Y…  con el fuego jugaron

una tarde de verano

Nicanor y Leontina

en la orilla de aquel río,

mientras  el viento

soplaba los besos que se daban

y el agua cantaba

las cosas que se decían.

 

Xeres

La lluvia

Llovía. Llevaba quince días lloviendo. La lluvia formaba parte del paisaje. Ya estaban acostumbrados a su monótono repiqueteo sobre los tejados de pizarra negra,  a los regatos que serpenteaban en las orillas de los caminos, a las piedras cubiertas de verdín, al horizonte triste y mohíno empañado por aquella veladura gris.

                La humedad era parte de su vida con las sábanas mojadas cuando llegaba la noche, el pan mohoso, la herrumbre de las celosías, la ropa empapada puesta a secar encima de la lumbre. Y también de sus cuerpos, en el dolor de sus huesos roídos por el óxido y en la niebla opaca de sus corazones.

                Antonio sentía que la lluvia resbalaba por su rostro, que se colaba por los surcos de su piel. Los pies se hundían en el barro mojado mezclado con los excrementos de los animales Era la segunda vez en aquellos quince días que sacaban el santo para que dejara de llover. Los ojos miraban al cielo, las manos rogaban suplicantes y la plegaria se perdía con el ruido de la lluvia. Los había que dudaban, otros ya habían perdido toda esperanza. Antonio no, Antonio era un hombre de fe. Si llovía era porque Dios tenía sus motivos para que fuera así, aunque a veces él no lo entendiera. Recorrieron todas las calles del pueblo hasta que comenzó a oscurecer y cuando llegaron a sus casas continuaron rezando porque todos sabían lo que pasaría sino paraba de llover.  Llegaría aquel hambre amarga que hacía más largo el invierno, que mataba los niños y debilitaba los cuerpos de los mayores. El hambre mezquina que encogía las almas, que endurecía los corazones y secaba las lágrimas. Un hambre huidiza que se escondía detrás de las puertas y espiaba detrás de los postigos.

                A la mañana siguiente Antonio se levantó temprano y tomó el camino del río. Seguía lloviendo y el agua que caía de las hojas de los árboles repicaba en los charcos del sendero. Tenía frío y miedo. Poco antes de llegar ya lo vio. El río desbordado inundaba la vega. Era una mancha negra que se extendía lentamente cubriendo de lodo y agua las cosechas.

                El cuerpo de Antonio se encogió de angustia y comenzó a llorar. Otro vecino se marchará pensó. Cargará sus trastos en el carro y enfilará el camino sin mirar hacia atrás.  Pero él no, él no se iría, él pertenecía a la tierra donde estaban enterrados sus antepasados y quizá, tal vez algún día tendría otra oportunidad…

 

Xeres

 

 

 

!FUEGO,FUEGO...¡

¡FUEGO, FUEGO…¡

 

 

 

Con el fuego no se juega… Juan se lo había oído miles de veces a su padre y a su abuelo. Pero con Roberto,  Julio y el pequeño Mariano intentaba lograr  lo que había leído en los viejos libros de aventuras de la biblioteca de la ciudad. Colocó con cuidado unas ramas secas, encima un vidrio roto de tal manera que le dieran los rayos del sol. Lo intentó varias veces sin éxito. Sus amigos, que no habían salido del pueblo, le dejaban hacer  mirándole con una mezcla de admiración y envidia. Al fin  el fuego prendió y las llamas muy pequeñas en los primeros momentos, comenzaron a crecer. Los niños en aquella tarde de mediados de julio las miraban un poco asustados. Hacía calor. Paralizados vieron cómo el fuego aumentaba y se extendía hacia la zona de las eras, donde ya los hombres habían recogido gran parte de la cosecha de cereal. Los rastrojos muy secos a estas alturas del verano ardían también. De repente unos gritos agudos y asustados se dejaron oír. Una de las mujeres  del pueblo, alertada por el olor acre y por el humo, salió corriendo desde el camino que llevaba a  Valtorta. Se oyeron los toques de las campanas  avisando a los vecinos del peligro y los chiquillos, sin pensarlo dos veces, salieron corriendo hacia su escondite de siempre, muy cerca de la bodega.

Dos horas después, casi de noche, los hombres con cubos de agua trasladados en unos carros y una especie  de manguera lograron extinguir las llamas. Una parte de la cosecha se había perdido.  Casi todos los habitantes del pueblo, incluidos mujeres y niños, reunidos a las afueras, se afanaban en reparar los daños. Juan y sus amigos escuchaban en silencio las quejas y las preguntas que se hacían. Las causas que barajaban eran muy diferentes y  temblaban al pensar en la situación.Rosario, una de las vecinas  más viejas se quejaba: “Ya os decía yo que este año 36 era un mal año, y ahora lo veis”

D. José, el médico, hablaba con el cura y con el alcalde: “Hemos salvado la mayor parte del trigo. Y conseguimos extinguir el fuego…

- Este sí- dijo el maestro acercándose- Pero…Acaban de avisarnos. Los militares se han levantado en  Marruecos…

- Dios mío- su mujer se cubrió la cara con las manos.

- Cálmate. Será una simple alarma. Mañana estarán controlados.

- No-  dijo el boticario que acababa de llegar- Parece que también se preparan en Madrid, en Barcelona, en Navarra… Son demasiados focos.

Era noche cerrada cuando los vecinos volvieron a sus casas. Juan y sus amigos tardaron en dormirse. El día había sido muy agitado. Mientras, ellos no lo sabían,  a aquellas horas España comenzaba a arder.

 

                                                                                          MEX

CENIZAS

CENIZAS

Y…”Con fuego no se juega”

Lo que ayer fue ternura

Hoy son cenizas

Y jugué a quererte

Con una pasión incendiaria

Que quema y tortura

Mis entrañas se estremecen

Apagar las llamas no puedo

Mas el tiempo y el olvido

Iniciaron el deslave

Llegando al corazón

El viento sopló

Y lo que antes ardía

En polvo se convirtió

Más algún día, no más allá

Tal vez tenga una segunda oportunidad

                                                                                                         Malalax

 

El fuego

El fuego

EL FUEGO.

 

Y… “con el fuego no se juega.”

Esa frase siempre oída hasta la saciedad, no fue suficiente para olvidar mi gran fascinación por el fuego. Las llamas amortiguan la ansiedad que me producen ciertas situaciones que están fuera de mi control; pero el fuego… el fuego es otra cosa.

Ver como un simple fósforo es capaz de propagar tanta belleza, y destruir la maldad que se esconde en el fondo, bien merece la pena el sacrificio que ahora padezco.

La gente comenta- (desalentadora pérdida)- ¿Acaso esos drogadictos de mierda merecían otra cosa? ¿Y yo? –Mi cuerpo inmóvil, quizá para siempre… ¿no les produce compasión? No importa, aunque las llamas me abrazaron con pasión, sentirlas tan cerca, olerlas, fue tan excitante… tanta liberación desencadenaron de mi interior, que no importa lo que ocurra a partir de ahora.

Tal vez algún día tenga otra oportunidad.

 

 

 

Bordex.

 

 

Una caquita, pero tendré una segunda oportunidad

¡No toques!, le dice la madre con impaciencia. ¡Te vas a quemar!, pero la tentación es grande, el niño acerca el dedo a la llama, lo retira violentamente y se lo mete en la boca. ¡Aja, Te lo dije, te quemaste!   ¡Con el fuego no se juega!

Pero solo aprendemos que la llama quema, no aprendemos otras aplicaciones para la misma frase. El fuego tiene muchas acepciones.

El niño que juega con una pistola y por accidente hiere a su hermano, el padre dueño de la pistola que la deja cargada, el adolescente que se cree inmortal y corre como loco con una motocicleta, que le regalaron en su cumpleaños,  el vente añero con su carné de conducir nuevo que es imprudente y va a alta velocidad, el que bebe en exceso un sábado en la noche y a pesar de eso conduce su coche, en todos los casos, nos quemamos con el fuego, y… “con el fuego no se juega”

Todos los que se han quemado con el fuego quisieran poder decir: Tal vez algún día tendré otra oportunidad.

Algunos la han tenido recientemente:

Entrevistaban a Severiano Ballesteros, en su primera aparición pública después de sus múltiples operaciones cerebrales y comentó que estaba muy bien, pero que ahora lo llamaban Mulligan Ballesteros. (*) porque me han dado una segunda oportunidad.

(*) Mulligan un término utilizado en golf que indica que puede repetir la salida en el hoyo 1, si la primera sale mal, puede jugar otra bola como una segunda oportunidad.

Mulligan: En partidos amistosos, es la opción de repetir la salida en el primer hoyo(www.parasaber.com)

 

-       Tal vez algún día tengamos otra oportunidad

-       Si, seguro la semana que viene tendré otra oportunidad.

 

Bulldox

Modo Silencio

    Modo silencio

   

 

    Había llegado el gran día. Durante meses había estado preparándome: me hice con una copia de los planos de la casa, estudié los movimientos de los propietarios, sus bienes y actividades, las rutinas de la empresa de seguridad y las del servicio.

    Repasé cuidadosamente todos los detalles: material, recorrido, cronómetro…Todo estaba listo.

    Era una gran mansión y había tal profusión de objetos de valor que no sabía por donde empezar. Porque, claro, no es lo mismo saber que hay oro que verlo, reluciente, a tu alcance. Rápidamente deseché la idea y me decidí por las cosas que tenía en mi lista que comprendía joyas y pequeños objetos fáciles de vender en el mercado negro, dinero en efectivo y algunos documentos comprometedores  con los que podría hacerle al dueño un buen chantaje a cambio de su silencio.

    Todo iba sobre ruedas, ya casi había terminado…hasta que ¡idiota de mí! el móvil sonó:

“…devuélveme la vida que me da…”  +  bolsillo interior + cremallera que no baja + volumen máximo = vigilante adormilado que se pone en máxima alerta.

    Por mucho que lo repaso mentalmente no veo el momento en el que cambié el móvil al “modo sonoro”.  

    Ahora, me encuentro sumido en el marasmo.

 

  La Vox

IDEAS

 

 

 

IDEAS

 

 

 

Hoy me hallo sumergida en el marasmo

Y mil ideas chocan en mi mente

Dudan, se multiplican, se rechazan

Por ocupar un puesto dominante

 

La dicha ha muerto

El sosiego ha huido

El horizonte se pierde entre las nubes

El azul se ha marchado

Y sólo quedan

Retazos del otoño en cada esquina.

                                                    MEX

Naufragio

NAUFRAGIO

Me hallo sumida en el marasmo y no veo solución.

Hace un mes que navegamos en nuestro velero. Por radio nos informan que se está desarrollando una tormenta, y que hay que tomar precaución. Estamos en medio del océano y ponemos rumbo a tierra más cercana. Las olas se enarbolan y toman alturas que asustan. Ya el cielo se lleno de unas nubes densas, comenzó a llover, la tormenta eléctrica se persono en un momento. En un tris tras llegó viento del norte, revolcando nuestro bote. Estamos aturdidos.

No sé como nos encontramos tirados en una isla, sin rumbo y sin saber cómo volver.

Lo primero que hicimos fue hacer una vivienda para poder pernoctar y buscar la manera de salir de ahí. Pasaron los días y la inmovilidad se encargó de nosotros, no teníamos agua potable. Conseguimos algunos frutos y eso era lo que comíamos. La desgana nos sumía en una gran depresión

En el grupo se encontraba un chico que sabía de supervivencia, pero con el shock  había quedado paralizado. No encontramos que hacer, la apatía iba tomando cuerpo.

Al fin nuestro amigo reaccionó, nos dirigió y nos animo a buscar varios elementos que nos harían la vida un poco más llevadera. Nos organizamos, cada uno tenía que traer palmeras, o maderas que el mar había depositado. Con unas piedras, un espejo y unas hojas secas hicimos una fogata. Una de las chicas tenía una blusa transparente que nos sirvió de red y por lo menos pudimos pescar. Por las noches alguien se quedaba de guardia por si se veía alguna embarcación. Paso un mes y luego otro, supervivimos de los frutos de la isla y la pesca.

Nuestra ropa estaba casi inservible, nos preguntábamos cuánto tiempo más estaríamos allá.

A lo lejos divisamos alcatraces, eso significaba que había un barco cerca. Buscamos todos los deshechos que encontramos y prendimos fuego, soplando y tratando de sacar el máximo de humo para que nos vieran. Se acercaba un pesquero, por eso es que las aves pululaban a su alrededor. Nos divisaron, por fin alguien se acercaba. La algarabía por la emoción iba subiendo de tono. El barco ancló a una distancia prudencial y se bajó un marinero en un bote dirigiéndose hacia la isla. Por fin podríamos volver a la civilización.

El capitán del barco nos saludo y nos dio la bienvenida. Le relatamos lo que nos había pasado.

Todo había concluido.  La aventura nos había unido. No todo el mundo sale ileso de tal experiencia.

Dábale arroz a la zorra el abad

 ME HALLO SUMIDO EN EL MARASMO PUES, A PESAR DE INTENTARLO CON FRUICIÓN NO SE ME OCURRE NINGÚN PALÍNDROMO NUEVO ¿SERÁ QUE, QUIZÁS, HE ENTRADO EN EL DECLIVE DE MI CARRERA?  ¿ESTARÉ ABOCADO AL OSTRACISMO?... EN TODO CASO, LO QUE SÍ SÉ CON SEGURIDAD, ES QUE ES CIERTA LA VIEJA MÁXIMA QUE REZA: LO BUENO, SI BREVE, DOS VECES BUENO...
SAMX

En mi cerebro

--Me hallo sumida en el marasmo, le dijo una neurona a otra.

--¡Y a mí qué me cuentas!... apaga la luz, que vas a despertar a las otras diez.

                                                                                          Elegantex